ODS

Europa avanza hacia el acoplamiento con la Agenda 2030

En un mundo lleno de conflictos, la Unión Europea es un lugar de estabilidad, un oasis que, pese a todos sus problemas actuales y los desafíos que tiene por delante, puede labrarse un futuro favorable para la ciudadanía. Al menos así lo considera el 61% de los europeos, según constató el Eurobarómetro de 2018.

Y uno de estos grandes retos del siglo que amenazan la calidad de vida de los ciudadanos es la sostenibilidad: lograr el bienestar de una población mundial creciente, en un contexto de declive de recursos y de crisis climática, sin degradar los ecosistemas ni aumentar la desigualdad. Mecanismos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas suponen una buena herramienta para garantizar ese progreso en la buena dirección, pero conseguir alcanzar las 169 metas que proponen los ODS ya es otra historia. En este sentido, cabe cuestionar si está Europa preparada para afrontar este desafío de cara a la siguiente década y, si es así, ¿cuál es su plan para hacerlo?

El documento de reflexión que publicó la Comisión Europea (CE) a principios de este año deja ver el camino de la UE para abordar los propósitos que plantean los ODS. “Tenemos que considerar cómo evolucionar nuestros patrones de producción y consumo. Debemos actuar ahora para detener el calentamiento global y la pérdida de ecosistemas y biodiversidad, que amenazan nuestro bienestar, las perspectivas de crecimiento sostenible y la vida misma en este planeta” declara la CE en el informe, y lamenta que “si bien tenemos la capacidad de hacerlo, no contamos con el lujo del tiempo”. De momento, la UE ya cuenta con algunas notas positivas. Por ejemplo, siete de sus 27 Estados miembro forman parte del top10 en el ranking global de cumplimiento de los ODS, y todos los 27 se encuentran entre los primeros 50 (de 156).

Además tiene, de media, la puntuación más alta en lo referido al ODS1 (fin de la pobreza), mientras que ocupa el segundo lugar en cuanto al ODS3 (salud y bienestar). Sin embargo, obtuvo la peor calificación en producción y consumo responsable (ODS12) y en el ODS14 sobre conservación de la vida marina. Por otro lado, existen todavía notables diferencias entre los Estados miembro en lo relacionado al ODS10 (reducción de las desigualdades), único ámbito en que la UE da pasos hacia atrás. En el resto de cuestiones contempladas en la Agenda 2030, Europa va en la buena dirección, con progresos sobre todo en salud (ODS3), educación (4), energía limpia y accesible (7), ciudades sostenibles (11), producción y consumo responsables (12), igualdad de género (5), trabajo decente y crecimiento económico (8), fin de la pobreza (1), alianzas (17), hambre cero (2), vida de ecosistemas terrestres (15) y, por último —aunque ello no quiere decir que esté más lejos de alcanzar este objetivo, sino que no ha progresado tanto en este ámbito— industria, innovación e infraestructura (9).

Los mayores retos

En la UE, el 20% de la comida que se produce se pierde o desecha, con 88 millones de toneladas que se desperdician cada año, lo que acarrea un coste estimado de 143 millones de euros. En paralelo, 43 millones de personas ciudadanas de la UE no pueden permitirse una comida de calidad ya no cada día, sino tampoco cada dos días. Estos datos desafían el propósito de cumplir el ODS12, y la realidad que reflejan —consumo exacerbado e irresponsable— suma riesgos a la salud pues, entre otras cosas, más de la mitad de la población adulta de la UE tiene sobrepeso.

También hay un serio déficit de igualdad entre hombres y mujeres, asegura el informe, pues “a pesar de que las tasas de empleo de las mujeres se encuentran en niveles históricamente altos y de que hay más mujeres que nunca en puestos de poder, los progresos se están estancando o incluso retrocediendo en otros ámbitos”, como el tiempo que se dedica a los cuidados, el trabajo doméstico y otras actividades sociales, aspectos en los cuales —señala la CE— “12 estados miembros han ido hacia atrás en la última década”.

El envejecimiento de la población ya ha supuesto un problema financiero, al ejercer más presión sobre las arcas públicas, dados los costes para la seguridad social. Se estima que, mientras que en la actualidad hay (de media) 3,5 trabajadores por cada pensionista, en 2070 habrá 2 trabajadores por cada pensionista, lo que disminuye el ratio de dependencia de la fuerza de trabajo nada menos que un 43%.

Por ello, la UE incide en la necesidad de adoptar medidas intensas hacia la sostenibilidad y recalca que conseguir un crecimiento económico y una transición baja en carbono al mismo tiempo no sólo es posible sino que, de hecho, la UE es en sí el ejemplo idóneo para demostrarlo: “Entre 2000 y 2015, el empleo creció a un ritmo más rápido en el sector medioambiental que en la economía en general”, alega. “Las tecnologías con bajas emisiones de carbono se están convirtiendo en uno de los principales productos básicos del comercio, y la UE se beneficia de unos saldos comerciales positivos significativos. Durante el período 2012-2015, las exportaciones de la UE de tecnologías de energía limpia alcanzaron los 71 000 millones de euros, superando las importaciones en 11 000 millones de euros”, sentencia (Texto: Marta Montojo).

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