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RESILIENCIA

Estrategias de construcción de resiliencia urbana en el sur de Madrid

Amaia Rieiro Díaz, arquitecta, nos presenta en esta entrada parte de los resultados del proyecto de investigación “Estrategias de construcción de resiliencia urbana en el sur de Madrid. Intervenciones en el sistema de espacios libres urbanos de Usera y Villaverde desde el punto de vista de la resiliencia urbana”.

El proyecto está  desarrollado para la Dirección General de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural del Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid.

El trabajo que aquí presentamos supone una aproximación al estudio de la resiliencia urbana en los distritos de Villaverde y Usera en la ciudad de Madrid, considerando la resiliencia específica1a su vulnerabilidad socioeconómica y a su vulnerabilidad frente al cambio climático, así como la resiliencia general frente a otros posibles cambios o perturbaciones aún desconocidos.  Se toman estos distritos como punto de partida tanto por sus altos índices de vulnerabilidad, como por su pertenencia a los barrios del sur de Madrid, donde se da la presencia histórica de redes de apoyo mutuo con una tradición en cohesión social, asociacionismo y participación ciudadana, presumibles fortalezas para el impulso de algunos factores clave para la resiliencia urbana.

Bajo el término coloquial espacio público nos solemos referir a diferentes realidades. En un plano físico, a cualquier espacio urbano de carácter abierto al peatón, con independencia de su uso o propiedad pública o privada. En un plano abstracto, a conceptos más amplios, como el de esfera pública, que se refiere, entre otras cosas, al espacio donde el ser humano se vuelve sujeto político, transformando el espacio donde se ejerce la autoridad en el espacio desde donde se ejerce la crítica al poder. En la realidad compleja de espacios libres urbanos de Usera y Villaverde están presentes las relaciones de conflictividad, así como las de resistencia y transformación, lejos de ideales de convivencia, multiculturalidad o accesibilidad universal2. Este tejido urbano ha sufrido un abandono institucional histórico y una fuerte segregación entre barrios separados por infraestructuras de transporte. En el mapeo realizado en el marco de este proyecto, en esta red de espacios híbridos se identifican nueve tipologías diferentes de intervenciones: de regeneración urbana, de renaturalización a gran y a pequeña escala, huertos urbanos, espacios relacionados con equipamientos públicos, de mantenimiento participativo, artístico-culturales, bottom-up y de producción y gestión local de la energía.

La mayoría de las intervenciones se han realizado después de 2011, como consecuencia del auge del uso colectivo y generalizado del espacio público en Madrid, resignificado tras las ocupaciones temporales producidas durante el movimiento 15M2.El objetivo principal ha sido determinar qué tipos de estrategias se emplean en estas intervenciones que contribuyan a favorecer la resiliencia urbana. Para ello se sigue el marco metodológico planteado por Suárez et al.3 para la estimación de la resiliencia en sistemas socio-ecológicos urbanos, que establece una serie de factores clave transversales a varias dimensiones (socio-ecológica, de estructura física, económica) y considera el tejido urbano como un sistema adaptativo complejo. Se incluyen como factores clave la autosuficiencia en los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento, de regulación y culturales, además de  otra serie de factores recurrentes en la literatura sobre resiliencia urbana,  como son la diversidad, la retroalimentación próxima, el aprendizaje e innovación y la cohesión social.

Se han encontrado intervenciones con un enfoque holístico, que desde el origen del proceso fomentan múltiples factores, como  la llevada a cabo por el grupo motor Pradolongo se mueve por el cambio social y la regeneración física integral del Parque de Pradolongo en Usera. Otras, como la micro-intervención Boom Box, promovida por la ONG Creatica, se focalizan en uno o dos aspectos. En este caso, este servicio colaborativo de música para espacios públicos contribuye a fomentar especialmente la innovación, aprendizaje y los servicios culturales.

La cohesión social se ve aumentada por muchas de las intervenciones analizadas,  destacando la presencia de redes de apoyo mutuo en más del 60 % (ya sean  redes preexistentes o creadas). También más del 60 % presenta la implementación de actividades culturales,  encontrándose estrategias como la gestión cultural participativa, desde la que se desarrollan procesos pedagógicos para la autonomía comunitaria que permiten proveer de manera prolongada los servicios ecosistémicos culturales. Más de un 70% presenta actividades educativas de manera regular o esporádica, de tal manera que el aprendizaje se ve favorecido por estrategias que se encuentran en dos líneas principales, la formación directa, reglada o informal, y el aprendizaje espontáneo desde el espacio público.

Los servicios ecosistémicos de regulación también se ven favorecidos, tanto por su mejora directa mediante la renaturalización o la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza, como en intervenciones de otra índole pero poco invasivas que los fomentan de manera transversal, por ejemplo, al no aumentar la superficie de suelo pavimentado no permeable. Frente a la degradación de solares, parterres y otras superficies, resultan relevantes  las posibilidades que ofrecen soluciones de jardinería vecinal como las plantaciones populares que se han realizado históricamente, en conjunción con la reciente descentralización de las competencias sobre zonas verdes municipales a las juntas de distrito y la aplicación de estrategias de mantenimiento urbano participativo, presente de manera ejemplar en los Equipos de Actuación Distrital.

Estas mismas estrategias, junto con otras relacionadas con el urbanismo bioclimático, como la conectividad de espacios, contribuyen también al fomento de la biodiversidad, mientras que la diversidad humana se ve favorecida principalmente por intervenciones con estrategias de participación ciudadana, que convocan de forma efectiva a agentes y grupos diferentes. Estas estrategias mejoran también la retroalimentación próxima con las instituciones, si bien este factor continúa suponiendo una reivindicación reiterada por parte de la vecindad en estos distritos, que demanda la creación de nuevos canales y/o figuras legales para acortar los impedimentos para realizar actividades en el espacio público.

El factor menos favorecido son los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento, con una presencia testimonial de los huertos urbanos y la presencia de campañas por la correcta gestión de residuos. La Red de Huertos Urbanos Comunitarios destaca por su autonomía en funcionamiento y por su posible proyección a futuro como unidad de aprovisionamiento efectiva, en relación a la próxima construcción en el ámbito de la Escuela de Agroecología Urbana municipal  y un Centro Comunitario Medioambiental, así como a la emergencia de los supermercados cooperativos. Otro recorrido futurible hacia la resiliencia urbana sería la combinación de estrategias de apoyo mutuo para el aprovisionamiento de energía asequible presentes en el área, como la Mancomunidad de la Central Térmica de Orcasitas (aunque no se basa en energías renovables) con las emergentes cooperativas para la transición energética desde la economía social y solidaria.

Los resultados llevan a concluir que las  intervenciones en el espacio público juegan un rol en el fomento de múltiples factores clave para la resiliencia urbana en Usera y Villaverde, que podría fortalecerse de consolidarse en el tiempo su implementación, seguimiento y monitorización, estando el mayor reto en los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento. Un proceso completo de análisis o asesoría sobre resiliencia urbana,  con la participación de múltiples agentes en diferentes fases, constituiría una correcta continuación a este estudio, con una estimación mediante el desarrollo de kits de herramientas4 completos, que contengan índices, modelos y rúbricas.

Si queréis acceder al estudio completo pronto se publicará en madridpaisajeurbano.es.

[1] García García, M. (2016). Desmontando la paradoja de la sostenibilidad. Revista Ambienta.
2 Martínez López, M.A., García Bernardos, Á. (2012) El espacio público y las luchas por la vivienda en el movimiento 15M. Universidad Complutense de Madrid
3 Suárez, M., Gómez‐Baggethun, E., Benayas, J. y Tilbury, D. (2016) Towards an Urban Resilience Index: A Case Study in 50 Spanish Cities. Sustainability. 8: 774.
4 Ayyoob, S., & National Institute for Environmental Studies, J. (2016). A critical review of selected tools for assessing community resilience. Science Direct. Elsevier. Ecological Indicators.

(Foto: Decide.Madrid)

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Otro aburrido artículo sobre consumo consciente

¿Quién es la persona valiente que tiene 5 minutos para leer algo por el mero placer de informarse? La respuesta es fácil, casi nadie. El tiempo, entendido como ese bien que se escurre en el reloj de nuestras muñecas ha sido identificado como el factor más limitante para practicar un consumo más consciente, según un reciente estudio realizado desde la plataforma ConSuma Consciencia (www.consumaconsciencia.org).

Texto: Leire Iriarte

 

 

 

 

 

¿Quién es la persona valiente que tiene 5 minutos para leer algo por el mero placer de informarse? La respuesta es fácil, casi nadie. El tiempo, entendido como ese bien que se escurre en el reloj de nuestras muñecas ha sido identificado como el factor más limitante para practicar un consumo más consciente, según un reciente estudio realizado desde la plataforma ConSuma Consciencia (www.consumaconsciencia.org).

No son ni el dinero ni la falta de información las causas que separan nuestra sensibilidad para con los desafíos ambientales y sociales de nuestra satisfacción con nuestra contribución para paliarlos, sino que es el tiempo (estos resultados son parte del estudio “Satisfacción con nuestra contribución al Bien Común”, disponibles en: http://consumaconsciencia.org/node/2594).

Sostenibilidad versus publicidad

Hay tomos y tomos escritos sobre la necesidad de reconducir nuestro modelo de consumo. Incluso uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se dedica expresamente a este desafío; en concreto el número 12, bajo el título “Producción y consumo sostenibles”. No obstante, mientras que se pide a la ciudadanía que contribuya a un modelo de consumo más sostenible, se nos sigue bombardeando para que consumamos. A nivel internacional gastamos mucho más dinero en publicidad (más de 500 billones de dólares americanos en 2015) que en Ayuda Oficial al Desarrollo: 143 billones de dólares americanos en 2016 por parte de los países miembros del Comité de Asistencia de Desarrollo de la OCDE (ver el ensayo “Transitando la Matrix: Construyendo el cambio que queremos ver en el mundo” para todas las referencias y una discusión más profunda (www.transitandonos.org).

Con estos datos por delante, es fácil intuir que algo no cuadra: por un lado se nos pide que reduzcamos nuestro consumo y tengamos en cuenta las externalidades (ambientales y sociales bien sabidas) de nuestro modelo y, por el otro, se nos bombardea con publicidad infinita para que adquiramos más productos que no necesitamos para cubrir deseos que no nos van a hacer más felices.

¿Todo es sostenible?

Siguiendo con las paradojas, una palabra que está casi tan de moda como los shows sensacionalistas en el prime time de la tele es la palabra sostenibilidad. Tanto es así que ya tenemos “balas sostenibles”, iguales de eficaces para matar pero que no ensucian el medio ambiente o “explotaciones petrolíferas ambientalmente sostenibles” que deben generar un petróleo que solo emite CO2 “verde”.

Toda esta confusión probablemente se deba a querer legitimar un modelo de consumismo verde que de ninguna manera ponga en entredicho los pilares crecentistas fundamentales del modelo económico actual. ¿Alguien conoce algún ecosistema que solo crezca? La naturaleza no funciona así.

Un concepto del que se habla menos es que el consumo no es solo una herramienta para satisfacer nuestras necesidades, sino una herramienta que nos identifica como personas. Las personas somos sistemas coherentes de proyecciones a distintos niveles: las palabras, los actos, las actitudes y el consumo, entre otros. Nuestra forma de hablar, por ejemplo, manifiesta nuestra forma de pensar. Al igual ocurre con el consumo. Al consumir nos estamos relacionando con el mundo que nos rodea y con ello nos estamos comunicando, expresando quiénes somos, aunque no seamos conscientes de ello. Por eso, es tan importante prestar un poco más de atención a cómo hacemos las cosas ya no solo por todo lo que podemos ganar en nuestra salud y bienestar (que sí), en reducir las externalidades negativas que genera el modelo devorador actual (que también), sino también en conocernos a nosotros mismos como personas. Podemos supeditar nuestras elecciones al precio más bajo, al servicio más cómodo o a la mayor calidad sin preocuparnos de nada más o bien podemos interesarnos por saber qué hay detrás de aquello que estamos adquiriendo para saber si nos identificamos con ello o no.

Existen muchas organizaciones que están trabajando en fomentar que podamos transitar a un consumo más razonable y razonado: desde entidades operando bajo las lógicas de las “Nuevas economías” hasta plataformas online que ofrecen información relevante para facilitar a las personas la toma decisiones.

Destapando verdades

Hoy, por su singularidad, queremos destacar la plataforma ConSuma Consciencia,  (www.consumaconsciencia.org), una herramienta online que desnuda a las empresas y ofrece una radiografía de su esencia, más allá de las bondades que cada empresa quiera comunicar sobre sí misma. Esta plataforma presenta información clara, rigurosa, transparente y comparable sobre el desempeño de entidades. Está disponible el proyecto piloto, para el que se han seleccionado 18 empresas (o grupos empresariales) que comercializan electricidad para usos domésticos en España, desde cooperativas locales hasta empresas transnacionales.

La plataforma ha elaborado un ranking de la contribución de las empresas al Bien Común. Las primeras posiciones las ocupan cooperativas de renovables que no tienen ánimo de lucro. Para realizar este análisis se han estudiado 60 parámetros para cada empresa, bajo el prisma de la responsabilidad compartida pero diferenciada. A través de esta herramienta se puede conocer el origen de las entidades, su volumen, accionistas, etc. así como aspectos relacionados con la gestión económica, como la transparencia fiscal y la distribución de beneficios o la gobernanza interna, transparencia y aspectos de género. Además, se han seleccionado una serie de indicadores específicos que visibilizan los aspectos relacionados con la comercialización de energía, como pueden ser la cantidad de energía de origen renovable que comercializa cada entidad o los residuos radiactivos emitidos.

De esta manera, las personas usuarias de la plataforma pueden conocer qué hay verdaderamente detrás de las empresas y elegir aquella más alineada con sus intereses y valores, independientemente de cuáles sean éstos. El objetivo de la plataforma es trasferir el poder de la información a la ciudadanía ofreciendo estos datos que tantas y tantas veces quedan escondidos.

La capacidad transformadora a nivel social a través de nuestro consumo es limitada y se enfrenta a muchas barreras, especialmente a la falta de cuestionamientos profundos y genuinos que intenten dirigirse a las causas de nuestros verdaderos, así llamados, problemas, que no son otros que nuestra inmadurez consciencial. Practicar un consumo con criterio es un acto que nos lleva, en muchos de los casos, menos tiempo que pensar que no hacemos nada, además de emitir una “señal” a los mercados de que, tal vez, lo que hasta ahora nos había resultado válido ahora ya no tiene sentido.  (texto: Leire Iriarte. Foto: Rawpixel).

 

 

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Las fiestas navideñas o la metamorfosis de la ciudad

El 26 de cada mes educadores y educadoras ambientales se dan cita en Twitter para debatir sobre algún tema relacionado con la educación ambiental bajo la etiqueta #EA26. El último debate del 26 de noviembre se centró en las fiestas navideñas y cómo afectan a la ciudad y la vida de sus habitantes. En esta entrada recopilamos algunas reflexiones compartidas.

Luces de colores y adornos navideños inundan los centros de nuestras ciudades durante las fiestas navideñas, y no solo, ya que cada año vemos como este acontecimiento se adelanta en el tiempo, al que se le añaden nuevos anticipos comerciales como el Black Friday cada vez más populares. Este año incluso, a causa de los efectos del cambio climático, hemos visto cómo colocaban las luces en nuestras calles mientras los termómetros alcanzaban los 30ºC. Aunque se puso sobre la mesa el tema del exceso de consumo energético injustificado y la necesidad de reducir la iluminación navideña, el debate se centró en cuál es el objeto de esta metamorfosis de la ciudad, en cómo afecta a la vida de sus habitantes y cuál debe ser el papel de la educación ambiental ante el consumo desenfrenado que se da en esta época del año.

La ciudad, literalmente, se transforma, se disfraza, se viste de fiesta. O más bien, parte de la ciudad, ya que todos estos adornos, luces y atracciones navideñas suelen instalarse en los centros de las ciudades, convirtiéndose, todavía más si cabe, en centros atractores de consumo, turismo y ocio, generando un incremento de los desplazamientos en coche y de la movilidad en general (baste recordar las aglomeraciones de visitantes en grandes ciudades como Madrid). El centro de la ciudad se convierte en un engranaje más de una maquinaria comercial que lo único que busca es incitar al consumo. Consumo material, de suelo, energético, alimenticio, de tiempo…

Pero las fiestas navideñas también son una época de reencuentros, de fiesta, de disfrutar y de pensar en las personas a las que queremos. Quizás el problema está en cómo lo hacemos, en que nos convertimos, al igual que la ciudad, en otro engranaje más de esa maquinaria, sin pararnos a pensar en las consecuencias de nuestros actos, o si lo que compramos realmente lo necesitamos o va a ayudarnos a ser más felices. No se trata de acabar con las fiestas, de no decorar las calles o de dejar de consumir, sino de repensar cómo podemos celebrar estas fiestas con el menor impacto ambiental y social posible, o cómo podemos transformarlo en un impacto positivo.

¿Se convierten nuestras calles en lugares más amables y seguros para transitar? Las opiniones son diversas en este punto. Hay quien opina que las luces y adornos navideños animan a mucha gente a salir a la calle y dan a la ciudad un ambiente alegre y festivo. Por el contrario, otras opinan que las calles adornadas se saturan de gente y las hace intransitables. De aquí surgen propuestas de escenarios intermedios, como descentralizar la decoración y atracciones navideñas, acercarlas a los barrios para que todo el mundo pueda acceder y disfrutar de ellas y para fomentar el comercio de barrio. Ese comercio que realmente hace que las calles sean más amables y seguras y que tienen un efecto directo en la economía local. El papel de los ayuntamientos es crucial, determinando con sus actuaciones qué modelo de ciudad, qué modelo de consumo, es el que quieren promocionar.

Pero los ayuntamientos no tienen la última palabra. La ciudadanía, a través de sus decisiones, de sus actuaciones, tiene mucho que decir. Y aquí, los educadores y educadoras es donde representamos nuestro papel. Donde, a través de nuestro trabajo, no solo tenemos que concienciar a la ciudadanía de la importancia de reducir nuestro consumo, sino que debemos aprovechar la oportunidad para fomentar un modelo de consumo diferente, alternativo, sostenible, responsable y transformador. Quizás la tarea es compleja, dado que el problema también lo es, y debemos de hacer autocrítica y buscar nuevos caminos, metodologías y mensajes para no solo sensibilizar, sino conseguir que la ciudadanía pase a la acción. Quizás no hay que celebrar un día sin compras en contrapartida de un Black Friday, quizás hay que celebrar un día de las alternativas del consumo. Este es uno de los grandes retos de una educación ambiental urbana, del que cada vez más los profesionales de este sector somos más conscientes, cómo transmitir todos estos mensajes para conseguir que la ciudadanía pase a la acción. Pero además que estas acciones por un consumo responsable y transformador no se limiten en una sola época del año, sino que perduren en el tiempo y que se integren en nuestro día a día.

Bajo estas premisas y con el propósito de ofrecer alternativas al alcance de cualquiera para transformar nuestra forma de consumir, desde Transitando estamos organizando la primera feria Sosteniblemente, con expositores, charlas y talleres, que se celebrará el 10 y 11 de febrero de 2018 en La Casa Encendida en Madrid. Estad atentos a nuestras noticias que próximamente daremos más información.

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La formación de los actores locales y los ODS

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas son las metas con el horizonte temporal de 2030 para erradicar la pobreza a la vez que potenciar los derechos sociales y la protección del medio ambiente. En esta entrada os contamos cómo desde Transitando facilitamos su difusión y consecución.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fueron aprobados en septiembre de 2015 por todos los países miembros de las Naciones Unidas y entraron en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016. Los ODS suponen la continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), y tratan de ir más allá, al considerar que acabar con la pobreza en todas sus formas debe ir de la mano de los derechos sociales (salud, educación, empleo…) y la protección del medio ambiente. Añaden, como novedad, su aplicación universal para todos los países, mientras que los ODM únicamente estaban dirigidos a los países en desarrollo. En este sentido, la Sustainable Development Solutions Network está trabajando para evaluar la consecución de los ODS por parte de todos los países, habiendo publicado recientemente un informe con los resultados de un índice de evaluación de los ODS.

En esta entrada, a tenor de la temática de este blog, queremos centrarnos en los objetivos 4, “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, y 11, “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. Ambos directamente relacionados con el objetivo principal de Transitando, aunar ecología y educación para transitar hacia ciudades más sostenibles, a través de un trabajo de transferencia de la ciencia a la sociedad.

Las ciudades son un entramado de procesos ecológicos y sociales completamente interrelacionados, socio-ecosistemas depredadores de recursos dependientes de otros ecosistemas. Son claves, por tanto, para la consecución de los ODS, especialmente del objetivo 11. Estudiar y comprender el funcionamiento ecológico de las ciudades y cuáles son los flujos de servicios ecosistémicos en los entornos urbanos es un primer paso necesario para elaborar estrategias hacia la resiliencia socio-ecológica y la sostenibilidad urbana. A este respecto, aun siendo campos de investigación y acción recientes, se han realizado avances en la evaluación de los servicios de los ecosistemas urbanos y la resiliencia; sin embargo, la aplicación de este marco en la planificación urbana y el diseño y ejecución de políticas locales es un desafío que las entidades locales, los responsables políticos, técnicos y profesionales que trabajan en el ámbito urbano deben acometer.

Para acercar la ciencia a la sociedad y a los tomadores de decisiones, cobra especial relevancia la meta 4.7 del ODS 4: “asegurar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, entre otras cosas mediante la educación para el desarrollo sostenible y los estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y la contribución de la cultura al desarrollo sostenible”. A este respecto, uno de los pilares centrales de la actividad de Transitando es el diseño y desarrollo de acciones formativas que transmitan el marco teórico y metodológico, así como las herramientas necesarias, para hacer que nuestros entornos urbanos sean más sostenibles y resilientes.

Entre 2007 y 2015 diseñamos y coordinamos el “Plan de Formación de la Estrategia Española de Sostenibilidad Urbana y Local” desarrollado conjuntamente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona y la Universidad Autónoma de Madrid, llegando a realizar una quincena de cursos dirigidos a formar y capacitar a responsables políticos y técnicos de administraciones locales para gestionar los entornos urbanos desde una perspectiva socio-ecológica. En 2015, con el objetivo de integrar en mayor profundidad el marco socio-ecológico en la transformación urbana diseñamos el curso “La transformación socio-ecológica de los entornos urbanos”, del cual se han impartido ya dos ediciones. En total, por estos cursos han pasado más de 450 alumnos y alumnas de toda España y de países latinoamericanos, la mayoría de ellos arquitectos y técnicos de administraciones públicas.

Nuestro reto futuro es desarrollar nuevas actividades formativas y educativas desde un enfoque ecosistémico dirigidas a todos los actores sociales que intervienen en las transformaciones urbanas: responsables políticos, técnicos municipales, profesionales y ciudadanía que faciliten la consecución del ODS 11, en particular, y del resto, en general. En ello estamos trabajando y esperamos que pronto podáis disfrutar de nuevos cursos con nuevos formatos y nuevas temáticas: transición agroecológica, herramientas participativas, educación ambiental urbana, turismo urbano sostenible, evaluación de los servicios de los ecosistemas… Esperamos contaros novedades en breve. ¡Feliz verano!

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