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Carolyn Steel: ciudades hambrientas, o qué hemos hecho mal durante tanto tiempo

“El ser humano y el trigo, todo se reduce a eso. Cultivo y civilización, ciudad y campo, paraíso e infierno: la comida siempre ha moldeado nuestras vidas y siempre lo hará. Nuestro legado para aquellos que heredarán la tierra vendrá determinado por la forma en que comamos ahora. Su futuro pende de nuestros cuchillos, nuestros tenedores y nuestros dedos”. Estas palabras cierran el completo ensayo de Carolyn Steel (en la foto principal) en el que desarrolla la relación fundamental entre la comida y las ciudades. ‘Ciudades hambrientas. Cómo el alimento moldea nuestras vidas’ es el título del volumen que edita Capitán Swing y que trae a España una de las tesis que más influencia puede tener en el ámbito del urbanismo en el medio plazo.

La autora parte de una premisa clara: las ciudades son lo que comen. Así pues, esta arquitecta amante del urbanismo sostiene que el desarrollo de las ciudades se encuentra íntimamente ligado a la forma de alimentarse de sus habitantes. Es más, esa relación entre la comida y las metrópolis es fundamental en nuestra vida cotidiana. En este sentido, la editorial remarca que “alimentar ciudades tiene un mayor impacto social y físico sobre nosotros y nuestro planeta que cualquier otra cosa que hagamos. Sin embargo, pocos de nosotros somos conscientes del proceso y rara vez nos detenemos a preguntarnos cómo llega la comida a nuestros platos”. Steel tiene la respuesta.

Tal y como se refleja en el volumen, una ciudad del tamaño de Londres debe producir, importar, vender, cocinar, comer y eliminar unos treinta millones de comidas. Todos los días. Lo mismo ocurre en numerosas ciudades del mundo. De ahí que el ensayo demuestre cómo la producción moderna de alimentos ha dañado el equilibrio de la existencia humana. Problemas que tienen su eco en el presente, como el alto grado porcentual de obesidad, el aumento de los supermercados o la destrucción del mundo natural. “El aumento y el impacto de características distintivas estadounidenses como la producción industrializada de alimentos y carne, los grandes supermercados, las cadenas de restaurantes de comida rápida y los comestibles procesados en la vida diaria de las ciudades son examinados junto con las raíces históricas y los problemas contemporáneos en cada etapa del ciclo alimentario, desde la granja hasta el plato y finalmente, el vertedero”, adelantan desde Capitán Swing.

Un total de siete capítulos con un centenar de subíndices vertebran la monografía de reciente publicación. De esta forma, la autora es consciente de la importancia de la tierra en relación a la alimentación desde el primero de ellos. Así pues, algunos de los temas más interesantes que se ubican en este primer apartado se fundamentan en la domesticación de la naturaleza, en quién recae la posesión de la tierra y, casi al final, un titular tan claro como preocupante: comer petróleo.

El libro avanza a su segundo estadio. Analizar el abastecimiento de las ciudades es la prioridad. Los primeros kilómetros recorridos por los alimentos, la política del abastecimiento y la seguridad alimentaria son algunos de los epígrafes más interesantes que se ubican en el apartado. Al fin y al cabo, la obra no deja de ser un interesante e inédito estudio sobre el viaje que realizan los alimentos. Desde la tierra a la ciudad, de ahí a los mercados y supermercados. Más tarde la cocina, tras ella la mesa y por último el basurero.

Steel considera primordiales las funciones del mercado y supermercados de cara al impacto que los alimentos provocan en nuestras vidas. Y no se corta. Cierto, el sistema alimentario provoca un caos, incluso necesario, pero ¿para qué y quién? La respuesta a esa pregunta se haya en este capítulo, donde titulares tan elocuentes como “el mercado político”, “comprar en cobertizos”, “ciudades-supermercados” y “centros comerciales sin paredes” desgranan la postura de la escritora.

La arquitecta convertida en ensayista también piensa las consecuencias de cómo cocinamos los alimentos que compramos. Y tras la cocina, se sirve en la mesa. Qué hacemos con esos alimentos cuando ya están servidos y qué efecto tiene en nosotros ver la abundancia como un aspecto positivo son algunas de las preguntas que se responden a lo largo de la seis decenas de páginas que Steel dedica a la cuestión. Y por último, los desperdicios. Desperdicios que traen consigo otros aspectos nada desdeñables, como el problema de los residuos y el miedo social a la suciedad.

Al final, casi 50 páginas aportan un rayo de esperanza. En ellas, la escritora propone ciertos ejemplos y experiencias que podrían frenar el consumo que nos ha traído hasta aquí. Volver a la tierra, la creación de una red alimentaria o repensar las lógicas arquitectónicas de los edificios son algunas de las propuestas de Steel.

Sea como fuere, la escritora, considerada como una de las diez visionarias más relevantes del siglo XXI del Reino Unido por The Ecologist Magazine, consigue crear un pensamiento tan necesario como alarmante: no somos conscientes del desperdicio y la destrucción que causan los actuales sistemas alimentarios. Y va más allá, pues el libro también es una guía para corregir dichos errores. Leer este tipo de escritos es el primer paso para revertir conductas tan perjudiciales para la especie humana como injustas para las demás especies. Hacerlo es una obligación para todas aquellas personas que pretendan lograr un mundo mejor.

Ficha técnica:
Título:
Ciudades hambrientas
Autor: Carolyn Steel
Editorial: Capitán Swing Libros
PVP: 25 euros
Formato: 14 x 20 cm, 488 páginas.
Fecha de publicación: 30 de noviembre de 2020

 

 

 

 

 

 

 

 


Autor: GUILLERMO MARTÍNEZ @Guille8Martinez


 

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