Este derroche se refleja en la agricultura intensiva, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y unas emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado un cambio climático. Todo ello impone unos devastadores intereses a nuestras reservas de agua: sequías más largas, evaporación acelerada y lluvias imprescindibles.
El informe de Naciones Unidas apunta que:
- 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura.
- Más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando.
- 2.000 millones de personas viven sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas.
- En 50 años, se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea.
Frente a un escenario aparentemente seco de esperanzas, el informe hace un llamado urgente a la acción: gestionar la quiebra, no la crisis. Esto implica renegociar el contrato con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un recurso menguante y blindar los ecosistemas que aún producen agua.
La Conferencia del Agua de la ONU 2026 se presenta como la oportunidad crítica para este «rescate hídrico». El mensaje final es claro: aunque no podamos llenar de nuevo los acuíferos agotados, aún estamos a tiempo de proteger cada gota y quizá así aprender a vivir con el agua que nos queda (Fuente: ONU. Foto; DepositPhoto).

