En muchos contextos, los acuerdos internacionales parecen incapaces de traducirse en mejoras tangibles para las comunidades, alimentando la desconfianza ciudadana y el desencanto político. Las consecuencias las estamos viviendo muy de cerca. Asimismo, la creciente desconexión entre la elaboración de normas globales y su implementación efectiva en los territorios ha debilitado la capacidad del sistema para responder a crisis complejas como el cambio climático, la desigualdad o las emergencias sanitarias.
Al mismo tiempo, este momento de transición abre una ventana de oportunidad. La constatación de que los desafíos globales se manifiestan de manera concreta en los territorios obliga a repensar el multilateralismo como un sistema más inclusivo, multinivel y orientado a la implementación. En este nuevo escenario, los gobiernos locales y regionales emergen no como actores periféricos, sino como piezas fundamentales de una gobernanza global capaz de reconectar los compromisos internacionales con la realidad de las personas.
Sin embargo, esta crisis no es uniforme ni total. Existe un sistema multilateral que no sólo no está en crisis, sino que continúa fortaleciéndose y evolucionando: el construido por las ciudades y las regiones. Un sistema basado en la proximidad, la solidaridad y la inclusión, el movimiento municipalista mundial demuestra que la cooperación entre territorios no solo es posible, sino también profundamente transformadora.
Este multilateralismo local se sostiene en la relación cotidiana entre la ciudadanía y sus gobiernos locales y regionales, y se refuerza mediante la colaboración con la sociedad civil organizada, el mundo académico, los movimientos sociales y otros actores clave. En este entramado de relaciones, la acción colectiva no es una aspiración abstracta, sino una práctica diaria que permite obtener resultados incluso en contextos donde la gobernanza global muestra sus límites.
Desde esta perspectiva, este artículo sostiene que el futuro del multilateralismo pasa por su renovación desde lo local, y que las redes de gobiernos locales, con Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) en el centro, están desempeñando un papel decisivo en esta transformación.
Actores de un nuevo multilateralismo
Desde hace décadas, el movimiento municipal mundial ha entendido el multilateralismo no sólo como un espacio de interlocución con otros niveles de gobierno, sino como un facilitador esencial de políticas públicas sostenibles. Las ciudades y regiones no se limitan a ejecutar decisiones tomadas en otros ámbitos: son espacios donde se diseñan, experimentan y ajustan políticas que afectan directamente a la vida cotidiana.
La proximidad entre gobiernos locales y ciudadanía confiere a este nivel de gobierno una legitimidad singular. Es en los territorios donde los derechos se hacen efectivos a través de la provisión de servicios públicos concretos: vivienda, salud, alimentación, educación, cuidados, cultura. Esta realidad convierte a los gobiernos locales y regionales en actores políticos indispensables para cualquier proyecto multilateral que aspire a ser relevante y transformador.
En este contexto, las redes de ciudades han adquirido una importancia creciente. A través de la cooperación horizontal, el intercambio de políticas públicas, la construcción de narrativas compartidas y la incidencia colectiva, estas redes permiten escalar soluciones locales y articular una voz común frente al sistema internacional. Más que espacios técnicos, se han convertido en plataformas políticas que redefinen el sentido mismo del multilateralismo.
Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), la mayor organización mundial de gobiernos locales, metropolitanos y regionales y de sus asociaciones, ocupa una posición central en esta arquitectura emergente. CGLU facilita al movimiento autoorganizado de los gobiernos locales y regionales, compuesto por más de 250,000 gobiernos locales y regionales, y representando a más del 70% de la población mundial, y busca la transformación del actual sistema multilateral por el de uno que sea verdaderamente inclusivo y en red.
En un orden mundial cambiante, en el que el multilateralismo universal convive con esfuerzos plurilaterales fragmentados y con una multiplicidad de actores, CGLU es un nodo político capaz de aportar coherencia, valores compartidos y orientación estratégica. Frente al riesgo de que el movimiento municipal internalice la fragmentación del sistema internacional, CGLU promueve activamente una reformulación del multilateralismo como gobernanza en red.
Este enfoque reconoce la diversidad de actores y contextos, pero se sostiene sobre principios comunes y prioridades compartidas. Sitúa a CGLU no solo como una organización de representación, sino como una plataforma política desde la cual se construyen agendas, se fortalecen alianzas y se articulan respuestas colectivas a desafíos globales desde el territorio.
La Coalición Social Local
En este marco, CGLU impulsa un plan compartido que articula la ambición política del municipalismo global: la Coalición Social Local. Este marco conecta la acción local con la ambición global, situando a las personas y al planeta en el centro de la elaboración de políticas públicas y renovando la gobernanza a través de la cocreación, los cuidados y la responsabilidad compartida.
Nacido de las experiencias vividas del contexto de policrisis, las desigualdades persistentes y resiliencia territorial, nuestra coalición redefine el multilateralismo desde la base. No se trata de instituciones negociando textos, sino de comunidades que construyen juntas su futuro. Cada vez que un gobierno local responde eficazmente a las necesidades de su comunidad, el multilateralismo local se actualiza como una práctica concreta y dinámica.
En el núcleo de la Coalición se encuentra una forma de cooperación que reúne a gobiernos locales y regionales, sociedad civil organizada, mundo académico y socios globales para definir prioridades de manera colectiva y transformarlas en acción. Movimientos sociales, sindicatos, redes de mujeres y de jóvenes, actores culturales, comunidades indígenas y personas defensoras de los derechos humanos trabajan junto a alcaldes y presidentes regionales, creando de manera conjunta los compromisos que conectan las realidades locales con los desafíos globales.
Este enfoque encarna una gobernanza basada en la confianza, la rendición de cuentas y un propósito compartido. Demuestra que la renovación de la agenda global comienza con la cooperación cotidiana entre los territorios y su ciudadanía.
La capacidad transformadora de la gobernanza local depende de la solidez de una serie de pilares fundamentales. A través de la Coalición Social Local, estos pilares representan las prioridades compartidas de los gobiernos locales y regionales: los ámbitos esenciales en los que los valores se traducen en acción y en cambios tangibles para las comunidades.
Las finanzas constituyen el fundamento indispensable. Sin finanzas locales sólidas, justicia fiscal y acceso directo a los recursos, los gobiernos locales no pueden prestar los servicios públicos que hacen efectivos los derechos. En este sentido, la colaboración con socios como la Alianza Global de Bancos de Desarrollo Subnacionales, la Comisión Global para la Financiación Urbana de los ODS, la OCDE o el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Capital resulta clave para diseñar una arquitectura financiera que empodere a los territorios y permita inversiones a plazo basadas en el cuidado.
La vivienda se reafirma como un derecho universal y no como un privilegio del mercado. El acceso a viviendas adecuadas y asequibles es una condición para la igualdad territorial, la puerta de entrada a los servicios públicos y un pilar de la vida democrática. La cooperación con organizaciones especializadas permite vincular las políticas de vivienda con el desarrollo territorial, garantizando que los sistemas de vivienda promuevan la sostenibilidad y la justicia social.
Los sistemas alimentarios se redefinen con el objetivo de erradicar el hambre y proteger la soberanía alimentaria. Basados en la solidaridad y la sostenibilidad, los gobiernos locales están transformando la gobernanza alimentaria para que ninguna comunidad quede atrás. De forma similar, la salud se defiende como un bien público, protegido frente a la mercantilización, mediante sistemas universales y comunitarios centrados en las personas.
La prevención de conflictos se construye desde el territorio, a partir de la confianza generada en calles, centros educativos y espacios públicos. Los nuevos elementos esenciales de la vida urbana —como los sistemas de cuidados, los derechos digitales, la gestión del tiempo o la seguridad nocturna— completan una agenda que reconoce que la igualdad se vive en las interacciones cotidianas y no únicamente en los textos legales.
El clima se aborda como una cuestión de justicia, entendiendo que la emergencia climática es también una crisis de desigualdad. La cultura, por su parte, se afirma como un pilar del sentido de pertenencia y de la democracia, protegiendo la memoria, la identidad y la creatividad como fundamentos de la paz y la confianza cívica.
Localizando las agendas en la cuenta atrás hacia 2030
‘Cities Countdown to 2030’
En su conjunto, estas prioridades requieren estructuras capaces de traducirse en compromisos políticos verificables y resultados medibles. En este marco se inscribe el proceso de construcción de la Coalición Social Local y, de manera complementaria, el ‘Cities Countdown to 2030’: una iniciativa política liderada por CGLU que reporta directamente a la Vicesecretaria General de Naciones Unidas, Amina J. Mohammed, y que visibiliza infraestructuras transformadoras ya en marcha en ciudades y regiones de todo el mundo.
El ‘Cities Countdown to 2030’ muestra cómo los gobiernos locales y regionales están desarrollando iniciativas ambiciosas para activar las seis transiciones urgentes identificadas por Naciones Unidas en ámbitos como los sistemas alimentarios, la energía, la conectividad digital, la educación, el empleo y la protección social, y la acción climática. Aporta un marco estructurado que permite comprender cómo estas intervenciones reconfiguran sistemas urbanos y contribuyen de manera directa y tangible a las Agendas Globales.
A través de una metodología basada en medir impacto, analizar las políticas públicas y visibilizar resultados, el ‘Cities Countdown to 2030’ no sólo evidencia que los gobiernos locales están acelerando la localización de los ODS. Permite demostrar cómo la Agenda 2030, la Nueva Agenda Urbana y las seis transiciones impulsadas por la ONU se traducen en cambios urbanos sistémicos, verificables y con potencial de réplica.
Además, incorpora un enfoque orientado a misiones que invierte la lógica habitual: en lugar de trasladar objetivos globales hacia las ciudades, parte de prácticas locales consolidadas y las estructura como compromisos estratégicos hacia 2030. De este modo, el ‘Cities Countdown to 2030’ actualiza la innovación orientada a misiones desde una perspectiva anclada en realidades territoriales concretas y posiciona a las ciudades como actores clave en el despliegue de las agendas globales.
A continuación, se muestran algunos de los ejemplos de los proyectos que forman parte del Countdown:
• Transformación de sistemas alimentarios y sostenibilidad en Konya
Konya está convirtiendo su patrimonio agrícola en un modelo global de sistemas alimentarios sostenibles. Liderado por el Municipio Metropolitano, el proyecto aborda toda la cadena agroalimentaria, promoviendo seguridad alimentaria, reducción de desperdicios, innovación, resiliencia, igualdad de género, educación y desarrollo económico. Se apoyan cultivos resistentes a la sequía, agricultura orgánica, riego moderno y energía renovable.
Mujeres gestionan puestos de venta en mercados orgánicos municipales, y jóvenes y pequeños productores acceden a tecnologías agrícolas. Además, el municipio ofrece pan seguro y asequible a través de 45 sucursales de Fenni Fırın y alimentos locales mediante la marca Pelen, mostrando cómo las autoridades locales pueden gestionar los alimentos como un servicio público. Konya también participa internacionalmente en AGRICITIES, fomentando la diplomacia agrícola y el intercambio de conocimientos.
• Mejora de la vida de refugiados en el campamento Qaddura (Ramala)
El proyecto DURABLE QADURA, iniciado en 2023 por la Ciudad de Ramala, busca mejorar las condiciones de vida de unos 2000 residentes del campamento, incluidos 700 niños. Con apoyo del Mayors Migration Council, se trabajó en gestión de residuos sólidos, rehabilitación de parques y campañas de concienciación ambiental lideradas por la comunidad. Niños y cuidadores participaron activamente, promoviendo desarrollo urbano inclusivo y sostenible, y localizando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El proyecto es un modelo de planificación urbana sensible a refugiados.
• Plan financiero sostenible en Johannesburgo (Sudáfrica)
La Ciudad de Johannesburgo adoptó un Plan de Desarrollo Financiero a 10 años para garantizar sostenibilidad fiscal, inversión en infraestructura y eficiencia en el servicio público. Ante la llegada de más de 10,000 personas mensuales, el plan busca financiar infraestructura sin depender solo del gobierno nacional, optimizando ingresos internos y reduciendo gastos innecesarios. También participa en mercados de capital mediante emisión de bonos, incluyendo bonos verdes, y acuerdos con bancos e instituciones de financiamiento.
• Creación de espacios públicos inclusivos en Ciudad de México
Ante la falta de espacios públicos de calidad, el gobierno de Clara Brugada lanzó UTOPÍAS, iniciando en Iztapalapa, para recuperar áreas comunitarias abandonadas y fomentar cohesión social, participación ciudadana y acceso a servicios. Estos espacios promueven justicia social, igualdad de género, sostenibilidad y respeto por la diversidad, con especial atención a mujeres y cuidadores. El objetivo es ampliar el proyecto de 16 a 100 UTOPÍAS, garantizando bienestar y acceso a derechos para todos los habitantes de la ciudad.
• Regeneración urbana integral en Montevideo
A través del Programa Hábitat, Montevideo impulsa una estrategia de mejora de barrios vulnerables que integra infraestructura, recuperación de suelo urbano y apoyo a vivienda social y cooperativa. La ciudad ha consolidado un banco público de tierras y mecanismos de asignación cogobernada que alinean política de suelo, vivienda y servicios bajo una lógica territorial coordinada.
Actuando sobre más de un centenar de asentamientos, la iniciativa reduce brechas estructurales de acceso a vivienda adecuada y suelo bien localizado, contribuyendo de forma directa a la justicia espacial y a los ODS vinculados a pobreza, desigualdad y ciudades sostenibles.
• Electrificación del transporte público en Guangzhou
En Guangzhou, la electrificación total de autobuses y taxis —más de 22.000 vehículos— ha transformado el transporte público en una infraestructura estratégica de descarbonización. El programa integra red de recarga, plataformas digitales de gestión y sistemas de almacenamiento con baterías de segunda vida, articulando movilidad y energía en un mismo ecosistema urbano. La iniciativa ha reducido de manera significativa emisiones y consumo energético, demostrando cómo la acción climática puede institucionalizarse a escala metropolitana y contribuir directamente a los ODS de energía limpia, ciudades sostenibles y acción por el clima.
Autora: Emilia Saiz. Secretaria general de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, CGLU
