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El arte de tratar los residuos orgánicos que enseñan los maestros composteros de Galicia

El proyecto de la Ley de Residuos obliga a una recogida y tratamiento de la materia orgánica antes de junio para las localidades con más de 5.000 habitantes. Un sondeo de Conama a 220 municipios revela que un 60% ve los residuos orgánicos como los más difíciles de tratar.

Tres días por semana Yolanda Pastoriza acude a los centros de compostaje comunitario del municipio gallego de Moaña. Allí es maestra compostera y se encarga de comprobar el correcto funcionamiento de los módulos que contienen la materia orgánica. “Los vecinos introducen los residuos orgánicos (restos de comidas, frutas, plantas, etc.) y se descomponen dando lugar a un sustrato rico en nutrientes que sirve para jardines y huertas. Es un proceso natural, un recurso y no un residuo como tradicionalmente se piensa», explica esta joven pontevedresa.

Sus tareas son muy variadas: mide la temperatura del proceso, resuelve dudas de los vecinos, da charlas ambientales y gestiona el préstamo gratuito de biotrituradoras para que los moañeses puedan trocear las ramas que se incluyen en el compost. “Es muy importante contar un buen estructurante, es decir, restos secos de poda que permitan que se airee correctamente y compensar la humedad”, recomienda.

Para llegar a ser maestra compostera, esta vecina de Moaña realizó un curso del Plan Revitaliza impulsado por la Diputación de Pontevedra. Tras ello, pudo optar a las plazas para desempeñar un puesto de trabajo del que solo hay doce más en toda la provincia, pero que podría ser clave para cumplir con los objetivos ambientales.  El proyecto de Ley de Residuos y suelos contaminados para la economía circular en España establece que se deberá poner en marcha una recogida y tratamiento de estos residuos antes de junio de 2022 para las localidades con más de 5.000 habitantes y antes de diciembre de 2023 para el resto.

Piden más financiación para instalar nuevos centros   

Moaña, con cerca de 20.000 habitantes, cuenta con 11 centros de compostaje comunitario y tiene previsto instalar tres más. Cada uno está formado por seis o diez módulos en los que se van introduciendo los residuos orgánicos. Una vez se ha transformado en compost, se avisa a los vecinos a través de redes sociales que pueden utilizar ese abono.

“Al principio temimos que hubiera rechazo, ya que a veces se piensa que esta práctica va a traer malos olores o roedores, pero nada más lejos de la realidad. Los centros están funcionando correctamente y han tenido una buena acogida. Desde el Ayuntamiento, no recogemos prácticamente el compost que se produce, los propios vecinos han visto su valor y lo usan”, cuenta el concejal de Medio Ambiente de Moaña, Odilo Barreiro.

Se necesitarían, sin embargo, hasta 56 puntos de compostaje para atender las necesidades de toda su población urbana, según datos de la Diputación de Pontevedra. “Nos queda mucho camino. Los ayuntamientos no podemos hacer frente solos a estas inversiones, necesitamos apoyo de la Administración”, lamenta el concejal.  “Hasta ahora hemos podido conseguir todo esto gracias a las subvenciones, pero con nuestro presupuesto únicamente podemos avanzar poco a poco”, continua Barreiro, que espera que los maestros composteros acaben convirtiéndose en un habitual de los municipios españoles.

Los residuos orgánicos, los más difíciles de tratar para un 60% de los municipios        

Este municipio gallego no es el único que experimenta dificultades a la hora de tratar estos residuos. Un sondeo realizado a 220 localidades por Conama, fundación organizadora del Congreso Nacional del Medio Ambiente, revela que un 60% de los encuestados ve los residuos orgánicos como los más difíciles de tratar y un 45% opina que no conseguirá su tratamiento antes de junio de 2022 como establece la ley.

“Es un gran reto para los municipios. Primero, tienen que establecer la recogida separada del resto de fracciones, después un tratamiento para retirar los impropios que a veces se depositan y, por último, gestionar cómo dar salida a la materia orgánica producida. Esto es más complejo en ciudades grandes, sin conexión directa al campo, ya que puede incurrir en coste de transportes y gestión”, explica en este sentido Eduardo Perero, director adjunto de Conama y uno de los autores del informe. En este sentido, Perero propone seguir trabajando en la coordinación y apoyo entre las Administraciones y dar un impulso decidido a la economía circular en España (Foto: Concello de Moaña).

 


Texto: Pilar Bayón


 

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