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El 81% de los fallecidos en 2018 en vías urbanas son peatones y usuarios de vehículos de dos ruedas

El informe «Horizonte C3: Ciudad casi cero», editado por la Fundación Mapfre y elaborado por los expertos de GEA21, deja claro que las ciudades españolas van mejorando en cuanto a su seguridad vial reduciendo la siniestralidad en sus calles, aunque todavía sigue siendo inaceptable el número de víctimas, especialmente entre los más vulnerables: el 81% de los fallecidos en 2018 en vías urbanas son peatones y usuarios de vehículos de dos ruedas. Para medir el estado de la seguridad vial, se toman como media los datos de la ciudad de Estocolmo, la ciudad con menor tasa de siniestralidad en vías urbanas de todo el mundo.

Este estudio intenta profundizar en las características de las ciudades casi cero, definidas como aquellas con una siniestralidad grave o mortal inferior a la de la ciudad sueca de Estocolmo, elegida como referencia en la materia. Y, en segundo lugar, también intenta entender cómo los esfuerzos en las últimas décadas de algunas ciudades españolas por avanzar en la sostenibilidad de la movilidad urbana afectan a la seguridad vial.

Una de las conclusiones principales de este trabajo es que la relación entre sostenibilidad y siniestralidad grave y mortal no siempre es directa. Dicho de otro modo, se da la paradoja de que las ciudades que son una referencia en movilidad sostenible no son necesariamente las que menores tasas de heridos graves y fallecidos tiene aunque, eso sí, han conseguido reducir el número de fallecidos entre 1999 y 2019 algo más que el resto de ciudades.

Estas son ls 15 conclusiones principales que extraen los autores del informe:

a) En línea con los principios del Objetivo Cero, “la vida humana y la salud deben estar por encima de la mera valoración mercantil de los desplazamientos y, como consecuencia, en un nuevo equilibrio entre movilidad y seguridad“.

b) “La siniestralidad en las vías urbanas ha tenido a lo largo de este siglo una tendencia decreciente en España, pero las cifras de fallecidos y heridos siguen generando cada año un drama social incalculable. La reducción de víctimas es demasiado lenta”.

c) El 81% de los fallecidos en 2018 en vías urbanas son peatones y usuarios de vehículos de dos ruedas por lo que es imperativo reforzar su seguridad en los futuros planes de movilidad y seguridad.

d) La siniestralidad urbana tiene cada vez un mayor peso relativo en España, lo que sugiere la necesidad de redoblar los esfuerzos y las inversiones en seguridad vial en las ciudades.

e) A nivel internacional, la referencia mundial considerada en este informe es Estocolmo, ciudad con la menor tasa de fallecidos por cada 100.000 habitantes: 0.7. En el otro extremo, ciudades como San Salvador (El Salvador) multiplican dicho valor hasta por 100.

f) Lamentablemente, no hay ciudades grandes entre la lista de aquellas con menores tasas de mortalidad. La ciudad más grande dentro del grupo de ciudades españolas con tasas comparables a las de Estocolmo es Elche (en la provincia de Alicante) con 229.000 habitantes. Es evidente que en las ciudades grandes la movilidad suele presentar mayores retos, pero todas las ciudades deben aspirar a convertirse en Ciudades Cero en el corto plazo.

g) El elemento o factor “metropolitano” está claro, y ayuda a que algunas de las ciudades “satélite” de grandes capitales españolas tengan tasas más bajas: 19 de las 25 ciudades con menores tasas de mortalidad forman parte de grandes áreas metropolitanas. Exagerando mucho, dicho efecto implica que las ciudades satélite se “vacíen durante el día” al trasladarse sus habitantes, o una buena parte de ellos, a los centros de trabajo situados en las grandes urbes. Si estos habitantes sufren un siniestro, normalmente lo tienen en la gran ciudad a la que se desplazan a diario, y no en su municipio. Aunque también podríamos preguntarnos, aunque este estudio no pueda arrojar luz al respecto si, por ejemplo, circulamos de la misma manera en las calles donde viven u juegan nuestros niños que en aquellas que sólo usamos de paso y por donde nos desplazamos por motivos laborales.

h) El estudio constata que la siniestralidad en las grandes ciudades multiplica por entre 1,8 y 4,5 la siniestralidad en los municipios metropolitanos más pequeños situados a su alrededor.

i) Solo una de las ciudades con bajo registro de siniestros fatales tiene un uso extensivo de la motocicleta. Dicho de otro modo, parece que el uso de este modo de transporte está directamente correlacionado con la siniestralidad, aunque dicho efecto sea moderado.

j) La buena noticia es que cada ciudad, como se indica en este trabajo, “puede trazar su trayectoria propia de reducción de la siniestralidad, con independencia de sus factores estructurales o las características de su red vial” y, además, “todas las ciudades pueden y deben establecer metas ambiciosas en material de siniestralidad alineadas con objetivos también ambiciosos en material de movilidad sostenible”,(Fuente y Foto: Fundación Mapfre)

Pues consultar aquí el informe completo «Horizonte C3: Ciudad casi cero».

 

 

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