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Karen Vancluysen, secretaria general de POLIS: “La polarización y el populismo dificultan la agenda de la movilidad sostenible”

POLIS es la principal red europea de colaboración de ciudades y regiones, cuyo objetivo es avanzar hacia una movilidad más sostenible e innovadora, dando más voz a las autoridades locales y regionales en las políticas de movilidad a nivel nacional e internacional. Karen Vancluysen, secretaria general de POLIS, nos explica en esta entrevista cuáles son sus proyectos más destacados y principales los retos que han detectado en la movilidad urbana.

Con más de 120 miembros (desde pequeños municipios hasta grandes capitales e instituciones de investigación de toda Europa), ¿cómo fomenta POLIS el intercambio de conocimientos y una colaboración significativos dentro de una red tan diversa?

Aunque nuestra membresía es diversa, muchos desafíos y objetivos se comparten entre ciudades y regiones de diferentes tamaños y características, especialmente al abordar las externalidades negativas relacionadas con la movilidad, como la contaminación del aire y acústica, la congestión, la seguridad vial y el cambio climático. Además, existe un interés común en el papel de la innovación para afrontar estos retos y lograr la ambición de ofrecer a la ciudadanía opciones de movilidad sostenible y de alta calidad.

Nuestros Grupos de Trabajo temáticos, que son prácticos y están enfocados en los profesionales, ofrecen una plataforma para el intercambio entre iguales sobre estos desafíos y las soluciones disponibles. También tenemos grupos que reúnen a tipos específicos de miembros, como la Plataforma de Ciudades Pequeñas y Medianas, el Grupo de Trabajo de Regiones y el Grupo de Trabajo de Capitales y Regiones. En estos espacios, los miembros pueden discutir temas específicos relacionados con sus características y tamaño.

Nuestros miembros asociados representan institutos de investigación y universidades con un interés especial en los temas de movilidad sostenible que tratamos. Quieren aprender sobre los desafíos y soluciones en este campo, y a la vez aportan un gran conocimiento y experiencias muy valiosas para nuestras ciudades y regiones.

¿Cuáles son los desafíos más urgentes que enfrentan actualmente las ciudades para transformar sus sistemas de movilidad hacia modelos más sostenibles e inclusivos?

 La movilidad urbana tiene que cambiar de manera sustancial para volverse más limpia y resiliente. Para que este cambio sea viable, debemos asegurar una transición justa, además de hacer que la movilidad urbana sea más asequible, segura, e inclusiva. La transformación del transporte que estamos viviendo es compleja. Hablamos de un cambio de paradigma en muchos niveles, y lograrlo de manera general e integrada es el principal desafío.

Necesitamos un cambio modal, alejándonos del papel dominante del coche en las ciudades y del uso privado del vehículo, y apostando por alternativas sostenibles como el transporte público, la movilidad activa y la movilidad compartida. Necesitamos un cambio en los motores, asegurándonos de que los vehículos que sigan circulando por nuestras calles sean limpios (electrificados) y del tamaño adecuado. Necesitamos una gran redistribución del espacio público en favor de modos sostenibles, después de décadas de planificación centrada en el coche, que nos ha llevado a las externalidades negativas y atascos que enfrentamos hoy.

También necesitamos un cambio en los costes, modificando el precio de acceso y movilidad para que quien contamine pague por las externalidades negativas que genera. Y necesitamos un cambio en la gestión del riesgo, abordando la seguridad vial, la protección y el daño ambiental. Todo esto, además, requiere un cambio en los presupuestos y la inversión, para decidir dónde destinamos los fondos públicos de manera que beneficien al bien común.

En resumen, necesitamos actuar en varios frentes. El Plan de Movilidad Urbana Sostenible (SUMP) es una herramienta muy importante para desarrollar una visión a largo plazo que vaya más allá de los ciclos políticos, que integre paquetes de medidas que se refuercen entre sí, que involucre de forma sistemática a ciudadanos y actores, y que incorpore la innovación de manera inteligente.

Si queremos que las personas cambien sus hábitos de viaje hacia modos de transporte más sostenibles, primero debemos asegurarnos de que existan alternativas de alta calidad: buen transporte público, infraestructura segura para la movilidad activa y servicios de movilidad compartida atractivos y asequibles.

El futuro en nuestras ciudades es multimodal, por lo que estas opciones deben poder combinarse fácil y fluidamente en intercambiadores, hubs de movilidad basados en los barrios, y a través de ecosistemas digitales como la Movilidad como Servicio (MaaS). Una mejor integración del transporte público y la movilidad compartida también requiere explorar nuevos modelos de negocio y asociaciones público-privadas entre los sectores público y privado.

Para enfrentar los múltiples retos señalados y acelerar los cambios necesarios, necesitamos una combinación de medidas de incentivo y de regulación. Regular el acceso a los centros urbanos mediante peajes por congestión y zonas de bajas o cero emisiones, así como planes de circulación, puede no ser muy popular, pero son medidas necesarias.

¿Podrías compartir algunos ejemplos destacados o buenas prácticas de vuestros miembros que hayan abordado con éxito estos desafíos?

 Muchos de nuestros miembros han implementado con éxito zonas de bajas emisiones, como Ámsterdam, París y Londres, que recientemente han presentado resultados muy prometedores en este ámbito. Estocolmo introdujo con éxito un peaje por congestión contando con el apoyo de los ciudadanos y ha sido pionera durante muchos años en electrificación. Ciudades que han destacado durante años por su infraestructura de alta calidad para la movilidad activa son, por supuesto, Ámsterdam, Utrecht y Copenhague, aunque muchas otras están avanzando y siguiendo su ejemplo.

En cuanto a facilitar estilos de vida multimodales, Ruter, el operador de transporte público de Oslo y Akershus, así como la compañía ferroviaria suiza SBB, colaboran e integran con éxito soluciones para el último tramo del viaje, como la micromovilidad, para mejorar sus propios servicios. Flandes lidera la implementación de hubs de movilidad compartida multimodal, y muchas ciudades y regiones, incluyendo Madrid, Berlín, Île-de-France y Bruselas, han desplegado MaaS.

Muchas ciudades están trabajando para redistribuir el espacio urbano a favor de opciones de movilidad más sostenibles, como caminar y andar en bicicleta. Sin embargo, esto suele conllevar ciertos desafíos, especialmente en lo que respecta a la aceptación pública e ideas erróneas persistentes. ¿Cómo están abordando vuestros miembros estos temas?

La redistribución del espacio sigue siendo un tema muy sensible. El cambio es difícil, especialmente cuando las personas sienten que se les está quitando algo. El gran cambio en los próximos años no será una tecnología novedosa, sino la masiva redistribución del espacio, alejándolo del coche privado y favoreciendo modos de transporte más sostenibles. Muchas ciudades arrastran la herencia de décadas de planificación centrada en el automóvil. Con las externalidades negativas que esto ha generado ya no podemos permitirnos seguir igual. La buena noticia es que las ciudades y regiones gestionan el espacio público y pueden elegir qué medios de transporte quieren priorizar para avanzar. En España, ciudades como Barcelona y Vitoria-Gasteiz están logrando con éxito la transición de ciudades para coches a ciudades para las personas.

La clave en este cambio de espacio es cómo contamos la historia. No debemos centrarnos en lo que se quita (por ejemplo, espacio para aparcar coches), sino en lo que se pone en su lugar, como infraestructura segura para bicicletas, más zonas verdes y más espacio para jugar.

Y esa es precisamente la narrativa que la ciudad de Groningen ha usado con éxito. Cuando preguntaron a los ciudadanos si podían eliminar el espacio de aparcamiento frente a sus casas, ya te puedes imaginar la respuesta. Sin embargo, cuando preguntaron si les parecería bien rediseñar la calle para que los niños pudieran jugar fuera, aunque eso significara perder espacio para aparcar, las respuestas fueron totalmente diferentes. Hoy, Groningen es lo que llamamos una ‘ciudad de 15 minutos’. Los servicios importantes están a 15 minutos en bici o a pie, y estos modos son las formas más rápidas y cómodas de moverse por la ciudad, además de ser las más sostenibles.

En el centro del debate sobre la redistribución del espacio está el concepto de la ciudad de 15 minutos, la ciudad de la proximidad, que busca ofrecer acceso a servicios esenciales mediante la movilidad activa (y el transporte público) en un radio de 15 minutos. Este concepto ha generado controversia, polarización, e incluso teorías conspirativas, cuando en realidad su objetivo es hacer nuestras ciudades más habitables, inclusivas, verdes y limpias, y acercar los servicios a la población.

Otra forma efectiva de ganar la aceptación de la gente es dejar que experimenten cómo se siente una ciudad diferente. Los experimentos en la calle, los proyectos piloto, y las zonas de prueba son excelentes maneras de impulsar el cambio.

Por eso la pandemia, por terrible que fuera, también abrió una gran oportunidad para que la gente viviera una ciudad más tranquila, con más espacio para la bicicleta y el peatón, y más zonas para jugar y conversar. Por ejemplo, Bruselas creó muchos carriles bici temporales en ese periodo, que luego se hicieron permanentes.

Aprovechar grandes eventos o interrupciones temporales para probar algo nuevo también funciona bien, como París, que dejó algunas zonas libres de coches durante los Juegos Olímpicos, o Heraklion, que hizo parte de la ciudad peatonal durante unas obras para convertirla después en zona peatonal definitiva.

Una movilidad verdaderamente sostenible también debe ser inclusiva. ¿cómo pueden las ciudades acelerar una transición justa en el transporte asegurando que nadie quede atrás?

 El desafío que enfrentamos para lograr una transición justa en la movilidad urbana es complejo y multidimensional. Está la cuestión de la asequibilidad y el coste general de la movilidad. También está la accesibilidad física de calles, intercambiadores, vehículos y edificios. Hay que considerar la disponibilidad de servicios en cuanto a tiempo y ubicación, así como los diferentes grupos objetivo con necesidades diversas y los distintos niveles de dependencia del automóvil.

Debemos tener en cuenta los patrones de movilidad relacionados con el género, así como las diferencias y necesidades en función de la edad y la capacidad. Finalmente, no podemos pasar por alto los aspectos laborales vinculados a los cambios en nuestro sistema de movilidad, como la automatización y su impacto en la fuerza laboral.

El reconocimiento de estos aspectos y las necesidades específicas de las comunidades y grupos de usuarios a menudo dificultan o frenan el cambio, manteniendo a muchos dependientes de soluciones menos sostenibles.

Necesitamos una lógica completamente nueva: los problemas actuales de equidad deben ser un argumento para abordar estas necesidades con soluciones de movilidad específicas, justas, inclusivas y sostenibles, en lugar de perpetuar la obligación de poseer un coche. En este sentido, la movilidad sostenible puede brindar nuevas oportunidades a comunidades enteras, apoyando una vida saludable y accesible para todos los ciudadanos.

Debemos reconocer y comprender mejor los desequilibrios e injusticias actuales en el sistema de movilidad urbana en términos de accesibilidad, seguridad, asequibilidad y oportunidades, y asegurarnos de que la transición hacia la movilidad sostenible no agrave las desigualdades existentes.

Esto requiere establecer enfoques de gobernanza inclusivos que involucren a los grupos más difíciles de alcanzar y se basen en nuevas formas de diálogo durante la planificación, implementación y evaluación. Solo mapeando y entendiendo las necesidades específicas de los diferentes actores podremos tomar acciones concretas y adaptadas para abordarlas.

Las ciudades y regiones miembros de POLIS trabajan arduamente para mantener esta dimensión de inclusión en el centro de sus servicios. Viena y Lisboa son ejemplos de ciudades que promueven la equidad de género al tener en cuenta y planificar adecuadamente las diferentes necesidades de movilidad de las mujeres, mientras que regiones como Noord-Brabant y Cataluña abordan la dependencia del automóvil a escala regional mediante servicios personalizados y bajo demanda, en cooperación con nuevos servicios de movilidad. También contamos con el Fondo Social para el Clima de la UE para desbloquear el presupuesto necesario y superar la pobreza de transporte en ciudades y regiones.

POLIS tiene su sede en Bruselas y representa los intereses de sus ciudades y regiones ante las instituciones europeas. ¿Qué políticas o iniciativas europeas en materia de movilidad estáis fomentando actualmente?

 Somos la voz de las ciudades y regiones ante las instituciones europeas en materia de transporte. Gran parte de la legislación de la UE se traslada a nivel regional y local, afectando las políticas de ciudades y regiones. Nos aseguramos de que sus necesidades sean debidamente consideradas cuando estos temas están sobre la mesa. Esto implica participar en consultas de la UE y reuniones de expertos sobre políticas relevantes, así como redactar documentos de política y posiciones.

También contamos con un Grupo Político que reúne a los representantes electos de nuestros miembros y que no solo ofrece una plataforma para que estos políticos dialoguen entre ellos, sino que también amplifica su mensaje ante las instituciones europeas, incluyendo miembros del Parlamento y de la Comisión Europea.

Actualmente, seguimos de cerca la implementación del reglamento revisado para la Red Transeuropea de Transporte, donde se han identificado más de 400 nodos urbanos que deberán desarrollar Planes de Movilidad Urbana Sostenible para 2027 e implementar hubs multimodales de pasajeros y mercancías en los años siguientes.

La Directiva ITS revisada también implica para ciudades y regiones aspectos relacionados con el intercambio de datos y la digitalización de marcos regulatorios, mientras que las ciudades y regiones también tienen un papel en el despliegue de infraestructuras de carga eléctrica.

Además, esperamos que este periodo legislativo de la UE convierta la Declaración Europea de la Bicicleta en acciones concretas, y vigilaremos de cerca que los fondos del Fondo Social para el Clima destinados a combatir la pobreza de transporte sean bien invertidos.

La movilidad urbana ha evolucionado significativamente en la última década. ¿Cómo crees que se desarrollará el sector en los próximos cinco a diez años y qué tendencias clave moldearán su futuro?

 El contexto actual de polarización y populismo hace que avanzar en la agenda de movilidad sostenible sea aún más difícil. A nivel europeo, también estamos viendo otro cambio: mientras que en el periodo legislativo anterior de la UE el enfoque estaba en el Pacto Verde con una prioridad climática, hoy se pone más énfasis en un Acuerdo Industrial centrado en la competitividad.

Además, un número creciente de ciudades y regiones sufre un desajuste entre los niveles local y nacional en cuanto a prioridades, lo que a veces afecta negativamente la financiación destinada a la movilidad sostenible. Este contexto geopolítico cambiante y el factor de incertidumbre sin duda impactarán nuestro sector.

También ayudamos a nuestros miembros a navegar el panorama de la innovación. Muchas tecnologías impulsadas por el sector privado llegan a nuestras calles, algunas más útiles que otras. ¿Cómo se regulan para maximizar oportunidades y, al mismo tiempo, mitigar las externalidades negativas? Eso es justamente en lo que apoyamos a nuestros miembros. En los próximos años quedará claro qué implican la digitalización, automatización, electrificación e inteligencia artificial para nuestros sistemas de movilidad y cómo podemos moldearlos para servir al bien común.

En resumen, no son tiempos fáciles. Por eso, es más importante que nunca que las ciudades y regiones sumen esfuerzos, se mantengan firmes y no desvíen su camino en un contexto complejo y lleno de incertidumbre. Aun así, han demostrado ser sólidas y resilientes, superando con éxito numerosas crisis a lo largo del tiempo. Al mismo tiempo, las ayudaremos a adoptar de manera inteligente aquellas innovaciones que puedan apoyar la creación de ciudades y regiones pensadas para las personas.

 

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