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Decálogo de CGLU para las ciudades post-Covid

La red de CGLU, sus miembros, secretariados y la comunidad que representa ha estado viviendo y trabajando de manera diferente. Como Organización Mundial, el día a día se dedica a aportar herramientas y materiales útiles a los miembros, inspirándolos sobre cómo abordar las necesidades de las comunidades en lo peor de la pandemia. Ahora también es el momento de pensar en el futuro y establecer una hoja de ruta para la transformación en la era post COVID. Los gobiernos locales y regionales están preparados para dirigir ese debate

El Decálogo para la era post COVID-19 es la carta política de CGLU en estos tiempos de crisis, basada en la Declaración de Durban y centrada en el compromiso de los gobiernos locales y regionales para construir un mundo solidario. Las 10 medidas destacadas en el decálogo tienen por objeto transformar la forma en que el sistema de gobernanza interactúa con las comunidades protegiendo a los que más lo necesitan, transformando el sistema multilateral y asegurando que los sacrificios que estamos realizando no se conviertan en una carga para las comunidades del futuro.

El decálogo destaca cómo la solidaridad promovida por los gobiernos locales y regionales se ha convertido en un faro de seguridad que debe guiar las transformaciones que necesitamos. Los gobiernos locales y regionales han demostrado su capacidad para actuar como promotores y guardianes de esta solidaridad tanto a nivel nacional como internacional. También recuerda la relevancia de los principios Locales en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular en estos tiempos difíciles, como marco para las medidas de transformación que deben implementarse. Pide, además, un sistema multilateral renovado y reforzado, y medidas financieras que aseguren la sostenibilidad de la provisión de servicios.

1. Garantizar los servicios públicos. Desarrollo de sistemas sólidos de atención sanitaria universal, apoyados por una sólida prestación de servicios básicos. Protección de los sistemas locales de prestación de servicios que han seguido funcionando incluso con ingresos reducidos. El transporte público, en todo el mundo, asegura que los trabajadores clave puedan ir a sus espacios de trabajo, y por lo tanto es esencial para garantizar las necesidades básicas de la población. Es fundamental asegurar que esté bien dotado de recursos a la luz de los tiempos venideros. Tras a pandemia, la nueva normalidad debe hacer frente a las desigualdades, protegiendo los bienes comunes y las necesidades básicas como la vivienda, el agua y la energía, y asegurándose de que estén libres de especulación para que todos los ciudadanos puedan acceder a ellos en igualdad de condiciones. La ciencia puede resultar un instrumento esencial para garantizar las necesidades básicas de todos, y será fundamental fomentar la relación entre la ciencia y los bienes comunes para no dejar a nadie atrás. Garantizar el acceso a Internet para todos como un servicio básico, como una herramienta para acceder no sólo a la información, sino a otros servicios esenciales como la educación, y no dejar a nadie atrás.

2. Paquetes de apoyo financiero. Adoptar mecanismos de apoyo financiero que permitan a los gobiernos locales y regionales seguir trabajando en primera línea para las comunidades durante la crisis y en la fase de recuperación posterior a la crisis de COVID-19. Elaborar medidas de estímulo a nivel nacional que garanticen la coherencia y la sostenibilidad de los servicios a medida que disminuyan los ingresos de los gobiernos locales. Un Fondo Internacional de Alivio Municipal puede abrir el acceso a los fondos tanto para la emergencia como para la reconstrucción.

3. Modelos de proximidad de consumo y producción a nivel global. Habrá que fomentar los modelos de producción de proximidad y tener en cuenta al sector informal, así como a las pequeñas y microempresas y las empresas de nueva creación, lo que nos permitirá aprovechar la innovación inclusiva. La pandemia ha arrojado luz sobre el modelo de consumo de muchas ciudades que de- penden excesivamente del turismo y de unos sistemas de producción deslocalizados e insostenibles, y será esencial reequilibrar la relación entre el crecimiento económico, el medio ambiente y las prioridades públicas. Reevaluar la relación entre la tecnología, la inclusividad, y el crecimiento económico, desarrollando una tecnología alternativa que sea accesible para todos. La tecnología y los derechos digitales pueden y deben ir de la mano. Un enfoque territorial de los sistemas alimentarios debería garantizar no sólo la seguridad alimentaria sino también modelos de mayor sostenibilidad en los que muchos pequeños productores y pequeños procesadores, respetuosos con el medio ambiente, devuelvan la vida a nuestros territorios y fomenten la creación de empleo y el desarrollo local.

4. Un “acuerdo verde” a nivel mundial. Es esencial asegurar que las medidas que deben adoptarse para hacer frente al cam- bio climático se lleven a cabo en el mundo tras la COVID-19. Debemos asegurarnos de que las medidas para revitalizar la economía no socaven las legítimas preocupaciones ambientales. La respuesta a la COVID-19 debe incluir un acuerdo ecológico mundial que haga a nuestras comunidades más resistentes a futuros brotes, lo que significa volver a la plena actividad económica mediante modelos sostenibles. El fomento del teletrabajo a mayor escala puede permitirnos reducir las emisiones, contribuir a modelos de movilidad más sostenibles y conciliar la vida laboral y personal.

5. Nuevas ciudadanías y libertades para una democracia renovada. No existe una falsa dicotomía entre seguridad y salud, o privacidad y libertades civiles. Es imperativo asegurar que la seguridad y la vigilancia se lleven a cabo de manera que se preserven los derechos. Es tecnológicamente posible y debe ser nuestro marco una vez que la crisis haya pasado. Una democracia local fuerte puede ser quien proteja es- tos valores. Los gobiernos a todos los niveles deberán velar por que la reunión de datos y el desarrollo de la inteligencia artificial se utilicen para el bien común y porque se garanticen los derechos con la participación de las comunidades y al servicio de las sociedades democráticas. Es tecnológicamente posible y debería ser nuestro marco una vez que la crisis haya pasado. Es esencial asegurar que la recuperación se haga teniendo en cuenta a las poblaciones más vulnerables, y no contra ellas, abordando las falsas narrativas y garantizando un enfoque basado en los derechos para las secuelas de la pandemia.

6. Generación igualdad. Ha llegado el momento de colocar un marco de igualdad en la planificación urbana, en la legislación y en el desarrollo. Ha llegado el momento de asegurar la plena inclusión, la plena participación de las mujeres y las niñas en la política y el tejido social de las ciudades y las regiones. Casi una de cada cinco mujeres en todo el mundo ha sido víctima de la violencia en el último año. La pandemia ha exacerbado esta realidad para muchas mujeres, y es fundamental poner en marcha respuestas de violencia de género para proteger a las mujeres de todo el mundo y asegurar su acceso a los servicios básicos Las redes de seguridad social deben ampliarse para garantizar la protección especial de grupos con necesidades particulares tales como los niños y las niñas, las personas mayores, y las personas con discapacidades.

7. Territorios que cuidan a sus servidores públicos. La crisis ha puesto de relieve la importancia de proteger a los trabajadores públicos. Corresponde a los gobiernos locales y regionales cuidar de quienes trabajan día a día para proporcionar servicios básicos a nuestras comunidades, valorar sus contribuciones a la sociedad, asegurar trabajo decente, y fomentar un modelo de producción que ponga en primer plano la prestación de servicios y a sus proveedores. También es imperativo reconocer los trabajos, en su mayoría realizados por mujeres en el sector de los cuidados, a menudo mal remunerados o incluso no remunerados. Su cuidado no sólo es una red de seguridad indispensable, sino también una contribución fundamental a nuestras economías.

8. La cultura como un antídoto para los efectos secundarios. Los actores y sectores culturales han respondido y han ofrecido contenidos críticos e inspiradores que nos están ayudando a superar la crisis. La gente ha recurrido a la cultura para crear significado, para mostrar solidaridad y levantar la moral general. No puede haber una mejor ilustración de por qué la cultura debe consolidarse como el cuarto pilar del desarrollo sostenible. Después de la pandemia, es esencial llevar a cabo una conversación sobre la forma en que las comunidades interactúan con la cultura y acceden a ella. El sector cultural en su totalidad necesitará una atención especial, ya que su sostenibilidad ginanciera está en peligro. Abordar las desigualdades será más importante que nunca, mediante la elaboración de programas sobre el patrimonio, la creatividad y la diversidad, disponibles para todos (es decir, la aplicación de los derechos culturales a nivel local), así como alimentar las amplias conversaciones sobre los valores que unen a la humanidad.

9. Un Sistema interurbano. Un sistema internacional construido sobre la fuerza de las ciudades y los gobiernos locales que aprenden y definen políticas conjuntamente apoyados por fuertes asocia- ciones que permitirán la ampliación de las acciones. Este sistema pondrá la solidaridad y la democracia local en el centro, definiendo la solidaridad y la capacidad de recursos como la espina dorsal de la humanidad.

10. La nueva generación del multilateralismo. Necesitamos un plan global. Las medidas internacionales que sean amplias, inclusivas y e caces para llegar a todos los territorios sólo pueden lograrse mediante una sólida gobernanza internacional y regional, y requerirán que se fortalezcan los sistemas para hacer frente a los desafíos que se avecinan. En vista de las futuras pandemias, necesitamos una Organización Mundial de la Salud
fuerte con una estructura de gobernanza de múltiples actores con capacidad para faciliitar la adquisición de suministros médicos, equipos de pruebas y equipo de protección personal. La subsidiariedad es necesaria para que las acciones a todos los niveles tengan éxito. Se debe llevar a cabo un diálogo entre todas las esferas de gobierno para asegurar que los deseos y necesidades de los ciudadanos estén presentes en todos los mecanismos de gobernanza y que reflejen la realidad sobre el terreno. Reunir a todas las partes interesadas es esencial para llevar a cabo un enfoque holístico de las emergencias a las que nos enfrentamos y nos enfrentaremos, y dichos enfoques no deben afectar negativamente a los derechos individuales y colectivos, que son la columna vertebral de las democracias. Más que nunca, la cooperación internacional está demostrando ser esencial para re-sponder a la pandemia actual, pero resultará aún más esencial tras la misma. Será fundamental garantizar el intercambio de conocimientos y experiencias, mediante una cooperación descentralizada para reconstruir mejor, y de manera más fuerte e inclusiva después de la pandemia. Los gobiernos locales y regionales deben ser los guardianes de esta solidaridad internacional.

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