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Unique

Resultados y aprendizajes del proyecto UNIQUE para una ciudad verdaderamente accesible

La ciudad de proximidad se ha consolidado como uno de los grandes referentes del urbanismo contemporáneo. Sin embargo, su aplicación práctica sigue apoyándose en métricas homogéneas que no representan la diversidad real de las personas que habitan la ciudad. El proyecto europeo UNIQUE aporta datos, herramientas rediseñadas y resultados empíricos que permiten ir más allá y demostrar cómo el diseño universal y la ciencia ciudadana pueden transformar de manera efectiva los procesos de planificación urbana. Nos lo cuenta Alba Ramírez Saiz. Investigadora predoctoral de la Universidad Politécnica de Madrid, en este artículo publicado en el número 57 de nuestra revista Ciudad Sostenible.

El proyecto UNIQUE (Universal Design Strategies for Equity in the Proximity City) parte de una idea clara: el modelo de ciudad de proximidad se ha difundido rápidamente sin revisar sus supuestos técnicos y sociales suficientemente.

En la mayoría de los planes urbanos, la cercanía o proximidad se calcula a partir de distancias lineales y tiempos medios de desplazamiento asociados a un peatón estándar que camina a unos 5 km/h, comprende sin dificultad la señalización y no necesita apoyos específicos. Los datos recopilados en el informe EIT Urban Mobility Next 9, utilizados como referencia en el proyecto, muestran que esta suposición excluye a una parte significativa de la población.

Las velocidades reales de desplazamiento pueden oscilar entre 1 km/h en personas con movilidad muy reducida o usuarias de silla de ruedas manual, y más de 6 km/h en personas usuarias de silla eléctrica. Esta variabilidad implica que la distancia recorrida cambia radicalmente según la capacidad funcional.

Cuando estas diferencias no se incorporan a las herramientas de análisis y participación, el resultado no es neutro: se diseñan ciudades que funcionan bien para unos cuerpos y mal para otros.

¿Qué es la Flor de la Proximidad y cómo funciona?

La Flor de la Proximidad es una herramienta participativa utilizada en procesos de planificación urbana de proximidad para identificar qué servicios se deben considerar esenciales y cuánto tiempo se debe caminar para llegar a ellos.

Visualmente, se representa como una flor compuesta por un núcleo central, que representa la vivienda, y varios pétalos a su alrededor. Cada pétalo corresponde a un ámbito de la vida cotidiana, como comercio, salud, educación, cultura o espacios verdes, entre otros. Sobre ella, se encuentran unos radios que representan franjas temporales o de distancia, habitualmente asociadas a intervalos de 10, 20 o 30 minutos.

Durante un taller sobre la Flor de la Proximidad, las personas participantes colocan los distintos usos en el radio que consideran aceptables para su vida diaria. Durante el taller, también se puede desarrollar la variación en la que las personas participantes representan sobre la flor los usos que se encuentran en la ciudad real, para posteriormente reflexionar sobre lo que falta.

l valor de la herramienta reside en su sencillez aparente y en su capacidad para generar conversación colectiva. Sin embargo, esa misma simplicidad oculta una serie de decisiones de diseño que condicionan quién puede participar y en qué condiciones.

Barreras detectadas

El análisis realizado por UNIQUE identifica barreras claras en las versiones tradicionales de la Flor de la Proximidad. Estas barreras afectan directamente a la capacidad de participación autónoma de muchas personas.

Entre las principales barreras se encuentran:

–Barreras visuales. Uso de colores con bajo contraste, tipografías pequeñas y elementos gráficos densos que dificultan la lectura a personas con baja visión, daltonismo o fatiga visual.
–Barreras cognitivas. Instrucciones largas, poco estructuradas y con conceptos abstractos que dificultan la comprensión del ejercicio, especialmente para personas con discapacidad intelectual o dificultades de aprendizaje.
–Barreras físicas. Tamaño reducido de los elementos, dificultad para manipularlos y ausencia de apoyos para personas con movilidad reducida o destreza limitada.
–Barreras sensoriales. Ausencia total de alternativas táctiles o sonoras, lo que excluye automáticamente a personas con discapacidad visual severa o ceguera.

Estas barreras no sólo limitan la participación individual impidiendo que parte de la población no pueda participar en igualdad de condiciones, sino que, como resultado, sus necesidades cotidianas quedan fuera del diagnóstico urbano.

Consecuencias por no considerar estas barreras

La exclusión de determinadas personas en herramientas participativas tiene efectos directos sobre la ciudad resultante. Si no se recogen necesidades especializadas pero cotidianas (como, por ejemplo, el acceso cercano a una ortopedia, a una asociación de apoyo, a un transporte público adaptado o a un comercio accesible) se reduce la autonomía real de proximidad de quienes dependen de esos servicios.

En la práctica, esto significa que una persona puede vivir en un barrio considerado ‘de proximidad’ según los indicadores oficiales y, sin embargo, verse obligada a recorrer largas distancias para cubrir necesidades básicas. La proximidad, en estos casos, se convierte en un privilegio y no en un derecho.

Objetivos, enfoque y ciencia ciudadana

El proyecto UNIQUE se concibió para reforzar la participación efectiva de las personas con discapacidad en los procesos de consulta y diseño de la ciudad de proximidad. Frente a modelos de participación basados en usuarios abstractos o aportaciones puntuales, el proyecto partió del reconocimiento de que muchas decisiones urbanas se toman sin incorporar adecuadamente las experiencias cotidianas de quienes encuentran más barreras en el entorno construido.

El objetivo fue generar herramientas y procesos capaces de recoger esa diversidad de experiencias y traducirla en conocimiento operativo para el diseño urbano. UNIQUE adoptó un enfoque de ciencia ciudadana aplicada al urbanismo, en el que las personas con discapacidad participaron como parte activa y estable del proceso. Su implicación fue continuada y transversal, desde la definición de los problemas hasta la difusión de resultados, pasando por el diseño metodológico, el desarrollo y testeo de herramientas y la validación de resultados. Este planteamiento permitió incorporar conocimientos situados que rara vez emergen en evaluaciones técnicas convencionales, especialmente en relación con la comprensión, la orientación, la legibilidad y la autonomía de uso.

Entre 2024 y 2026, el proyecto se desarrolló mediante un proceso iterativo que combinó talleres participativos, grupos de discusión, prototipado progresivo y validación externa. En este marco participaron más de 200 personas con perfiles diversos, incluyendo personas con discapacidad, personas mayores, estudiantes de integración social, profesionales del urbanismo y la arquitectura, y personal técnico. Esta participación continuada permitió identificar barreras, ajustar las herramientas durante el proceso y sentar las bases para el rediseño de la Flor de la Proximidad y de la metodología de talleres asociada.

Rediseño accesible

El rediseño de la Flor de la Proximidad en su versión en papel se centró en eliminar barreras que afectaban directamente a la participación autónoma. Las mejoras no se centraron en la parte estética, sino en problemas de accesibilidad y operatividad detectados durante los talleres:

–Sobrecarga cognitiva: se simplificaron las instrucciones para reducir la carga cognitiva.
–Baja legibilidad: se reorganizaron los usos mediante numeración y códigos cromáticos coherentes para facilitar la comprensión espacial.
–Dependencia excesiva del medio visual: se reforzó el contraste y se normalizó la tipografía para mejorar la lectura en situaciones de baja visión.
–Dificultad para comprender información: se introdujeron pictogramas y lenguaje simplificado.
–Nuevos usos: se reorganizaron los usos y se creó una nueva categoría de servicios, respondiendo a necesidades cotidianas previamente invisibilizadas.
–Modificación de los radios temporales: 10, 20, 30 y más de 30 minutos, permitiendo una representación más comprensible de la proximidad real.

Estas decisiones permitieron que la herramienta dejara de depender de explicaciones y apoyos externos, y pudiera ser utilizada de forma más autónoma por personas con diferentes capacidades, mejorando tanto la calidad de la participación como la fiabilidad de los datos obtenidos.

Versión táctil

Además de las mejoras para personas con baja visión sobre el papel, quedaba un reto por resolver en cuanto a accesibilidad visual: la inclusión de personas ciegas o con muy poco resto visual. La versión táctil de la Flor de la Proximidad se desarrolló mediante impresión 3D con el objetivo de garantizar la participación autónoma de personas con pérdida visual severa o ceguera, sin excluir a participantes sin discapacidad visual para lograr una mayor neutralidad de la herramienta y evitar segregación. El diseño se basó en criterios de accesibilidad háptica: superficies legibles al tacto, relieves claramente diferenciados y braille.

El modelo táctil representa una versión 3D del modelo en papel, con adaptaciones necesarias para poder realizar el taller.

–Pieza central que representa el hogar, donde se encuentra la silueta de una vivienda en alto relieve y etiquetado braille y en alto relieve en texto.
–Pétalos independientes asociados a categorías de usos se pueden encajar en el centro a través de un sistema de machihembrado para evitar su libre movimiento, y poseen ranuras para insertar los tótems.
–Tótems verticales que representan servicios urbanos, identificados mediante braille, numeración visible y códigos cromáticos coherentes con la versión en papel.

Se realizaron dos prototipos, de manera que se pudo mejorar la versión inicial introduciendo mejoras de legibilidad táctil, orientación, estabilidad y comprensión del conjunto. La metodología de diseño fue replicable desde el inicio: se trabajó con modelos modulares, archivos abiertos para impresión 3D y criterios claros de evaluación, permitiendo que el sistema pueda reproducirse en otros contextos sin depender del equipo original.
Además, se desarrolló con el objetivo de que cualquier persona pudiera utilizar la flor táctil, independientemente de si tenía baja visión. De esta manera, se fomenta más aún la inclusión, permitiendo obtener debates no segregados e integrados.

Usos invisibilizados y autonomía cotidiana

El proceso participativo puso de manifiesto que muchos servicios esenciales para la vida diaria de determinadas personas no suelen aparecer en las herramientas estándar de planificación. No se trata de usos excepcionales, sino de servicios especializados pero cotidianos cuya ausencia reduce de forma directa la autonomía de proximidad.

La proximidad a comercios ortopédicos, asociaciones de apoyo, pequeño comercio accesible o transporte público adaptado se identificó como clave para evitar desplazamientos largos, dependencia de terceros y pérdida de autonomía. Cuando estos usos no se consideran en la planificación, la ciudad puede parecer funcional desde un punto de vista técnico, pero resulta excluyente en la práctica. Incorporar estos servicios en la Flor de la Proximidad permitió visibilizar necesidades reales y ajustar el diagnóstico urbano a la diversidad de experiencias cotidianas.

Resultados en distancias y patrones de proximidad

El proyecto también permitió extraer métricas más inclusivas acerca de las distancias máximas a las que se quiere encontrar los usos incorporados en la Flor de la Proximidad Accesible. El análisis de los resultados combinó dos métricas complementarias: la media, que refleja tendencias generales, y la moda, que identifica los consensos más claros entre participantes. Esta doble lectura permitió interpretar los datos sin simplificarlos.

Los resultados basados en la media indican que ciertos servicios pueden ubicarse a mayor distancia sin comprometer la accesibilidad: salud, educación, cultura y trabajo admiten desplazamientos más largos, reflejando usos menos cotidianos o asumidos como parte de la rutina diaria.

En contraste, los servicios vinculados a los cuidados diarios (comercio básico, espacio público y educación temprana) requieren proximidad inmediata para garantizar autonomía, especialmente en familias con niños pequeños o personas con movilidad reducida. Los servicios especializados se sitúan en un punto intermedio: no necesitan presencia en cada barrio, pero sí mantenerse dentro de un radio razonable, en torno a 20 minutos.

La moda matiza esta lectura al mostrar acuerdos más nítidos. Existe consenso en que el espacio público debe estar muy cercano, mientras que el trabajo puede localizarse más lejos. El comercio presenta usos polarizados: los comercios más generales o de consumo diario se ubican a pocos minutos, mientras que para consumo más especializado u ocasional se aceptan distancias mayores, lo que refleja tensiones entre eficiencia urbana y comercio local.

En salud, la urgencia marca la diferencia: atención primaria y urgencias deben estar próximas, mientras que servicios como ortopedia se aceptan más lejos, aunque esto puede generar barreras para personas con discapacidad.

Estos patrones confirman que una ciudad de proximidad no implica homogeneidad, sino una localización estratégica basada en frecuencia de uso, urgencia y diversidad de necesidades.

Validación inclusiva

En la fase final del proyecto se amplió la validación de la Flor de Proximidad Accesible con la participación de más de 100 personas. El grupo incluyó perfiles diversos (personas con discapacidad, personas mayores, estudiantes de integración social y urbanistas), lo que permitió contrastar la herramienta desde distintas experiencias de uso y necesidades reales. Esta variedad enriqueció los talleres y aportó una base sólida para evaluar la eficacia de las mejoras introducidas.

Los resultados mostraron avances claros en accesibilidad visual. El aumento del contraste cromático y la reorganización de la paleta de colores facilitaron la lectura y la diferenciación entre categorías. También se valoró el mayor contraste tipográfico, que redujo la carga cognitiva y mejoró la usabilidad, especialmente para personas con baja visión.
El cambio más significativo fue el desarrollo del prototipo táctil en 3D, que incorporó elementos en relieve y etiquetado en Braille. Esta versión permitió una interacción autónoma para personas con discapacidad visual, manteniendo al mismo tiempo una experiencia clara y operativa para usuarios sin discapacidad. La combinación de información visual y táctil mejoró la comprensión y redujo errores de interpretación.

Las sesiones confirmaron que la herramienta cumple los principios de Diseño Universal. Tanto el modelo en papel actualizado como el prototipo táctil fueron preferidos frente a versiones anteriores, demostrando que el codiseño con perfiles diversos genera soluciones más robustas, accesibles y alineadas con las necesidades reales de la ciudadanía.

Impacto del proyecto

El principal impacto del proyecto UNIQUE no reside únicamente en la herramienta desarrollada, sino también en el método y en sus implicaciones directas para la política urbana. El proyecto demostró que incorporar a las personas con discapacidad desde el inicio no es un añadido, sino una condición necesaria para obtener diagnósticos más precisos, comprensibles y útiles para toda la ciudadanía.

La participación continuada de más de 200 personas (con y sin discapacidad, personas mayores, estudiantes y profesionales) permitió identificar barreras reales, validar mejoras y generar conocimiento transferible a otros procesos de planificación urbana.
UNIQUE consolidó un modelo de ciencia ciudadana inclusiva en el que las personas participantes actuaron como evaluadoras y codiseñadoras de herramientas y procesos. Este enfoque permitió detectar necesidades que suelen quedar fuera de los diagnósticos técnicos convencionales y refuerza un mensaje clave para la acción pública: la accesibilidad no puede abordarse únicamente desde estándares normativos o evaluaciones técnicas, sino desde la experiencia cotidiana de uso de la ciudad.

El proyecto tuvo además un impacto formativo relevante, al integrar los principios del Diseño Universal en contextos educativos y profesionales, contribuyendo a que la accesibilidad se entienda como una competencia estructural de la práctica urbanística.

En relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, UNIQUE aporta resultados concretos y medibles: contribuye al ODS 11 mediante procesos de planificación más accesibles e inclusivos; ODS 10, porque reduce desigualdades a través de herramientas más inclusivas de influencia de colectivos tradicionalmente excluidos, y ODS 4, mediante materiales y experiencias formativas accesibles.

Desde una perspectiva de política urbana, el proyecto demuestra que una ciudad de proximidad solo es eficaz si incorpora la diversidad de sus habitantes en el diseño de sus indicadores, herramientas y mecanismos de participación. Aplicar métricas de proximidad ajustadas a distintas capacidades, ampliar el catálogo de servicios considerados esenciales y adoptar modelos de codiseño y ciencia ciudadana inclusiva no solo mejora la equidad, sino que produce políticas urbanas más precisas, operativas y alineadas con los ODS, directamente transferibles al ámbito municipal.

Descubre más sobre el proyecto

El proyecto UNIQUE se encuentra finalizado, pero todos los materiales desarrollados están disponibles para su uso público en la página web del proyecto. Incluye modelos imprimibles en 3D, plantillas en papel, instrucciones de talleres, materiales formativos y resultados de investigación. El acceso abierto permite que administraciones públicas, equipos de investigación, entidades sociales y profesionales puedan replicar la metodología sin barreras técnicas ni económicas. Este carácter abierto convierte el proyecto en un recurso operativo y transferible, ampliando su impacto más allá de su duración temporal.


Autora: Alba Ramírez Saiz. Investigadora predoctoral de la Universidad Politécnica de Madrid. 

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