Steve Killelea

Índice de Paz Global del IEP: los efectos del cambio climático comprometerán la estabilidad política y económica a nivel mundial

Steve Killelea, director del Instituto para la Economía y la Paz (IEP) concede una entrevista a Ciudad Sostenible con motivo de la presentación del nuevo informe sobre el Índice de la Paz Global, en el que España ocupa el puesto 38 del ranking. Una de las conclusiones del documento es que los desastres climáticos irán en aumento durante los próximos años, especialmente los relacionados con el agua y el alimento, lo que incidirá en más migraciones, conflictos y tensiones a nivel mundial.

Texto: Marta Montojo

La estabilidad económica y política de las próximas décadas ya está comprometida en buena medida por la crisis climática. En 2050, se espera que la nueva normalidad del clima —más desastres naturales, mayor escasez hídrica y de alimentos, temperaturas extremas, etcétera— mueva de sus hogares a 86 millones de personas en África sub-sahariana, así como a 40 millones en Asia y a 17 millones en Latinoamérica, que se sumarán a los migrantes ya existentes en cada una de estas regiones del planeta. Así lo ha revelado ayer el nuevo informe del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), que se encarga de elaborar el Índice de la Paz Global, también hecho público este miércoles y en el que España este año sube una posición hasta quedar en el número 38 del ranking.

El impacto del calentamiento global sobre las vidas humanas ya se ha hecho notar en esas y otras partes del mundo. En los últimos cuarenta años el número de desastres naturales se ha multiplicado por tres y los problemas ambientales irán a más. Según el Registro de Amenazas Ecológicas del IEP, se estima que para mitad de siglo “el 27% de los países afrontarán presiones catastróficas en el agua y el 22%, presiones catastróficas en los alimentos”.

El estudio establece una conexión entre la salud de las instituciones y la resiliencia para hacer frente a los desafíos climáticos y económicos tanto presentes como futuros. Introducen el concepto de “paz positiva”, que condiciona los niveles de paz de una sociedad y se mide en base en ocho pilares: el buen funcionamiento del gobierno; un ambiente de negocios seguro; bajos niveles de corrupción; la aceptación de los derechos de otros; altos niveles de capital humano; buenas relaciones con los vecinos; libre intercambio de información y una distribución equitativa de recursos.

 

“Lo que vemos con la escasez de alimentos y de agua es una correlación muy fuerte con la falta de paz positiva. Las sociedades que tienen mayores niveles de paz positiva tienden a manejar mejor sus recursos naturales”, precisa, desde Australia, el director del IEP, Steve Killelea.

“Hace cuarenta años el porcentaje de conflictos por el agua que se gestionaban de manera positiva era el 71%. Ahora representan el 58%”, asegura el economista en una entrevista telefónica concedida a la revista Ciudad Sostenible. Y añade que, aunque su equipo no ha “estudiado en profundidad” el porqué de este deterioro en el manejo de los conflictos, cree que “probablemente se deba a que ahora son asuntos más complejos”.

Los países más pacíficos y que están menos expuestos a riesgos ecológicos son, según el informe, Islandia, Uruguay, Nueva Zelanda, Panamá y Suecia. Por el contrario, los más expuestos y con menores niveles de paz son Afghanistan, Siria, Sudán, Yemen y Mali.

 Movimientos migratorios e inestabilidad política

La situación actual de crisis económica por la pandemia del coronavirus, que se prevé tenga efectos equiparables a los de la Segunda Guerra Mundial, amenaza con alentar nuevos movimientos migratorios, algo que ya está previsto agrave la crisis climática. “Nos llevará cinco años recuperarnos para llegar al estado de 2019. En este punto no sabemos cómo de efectivos van a ser todos los programas de estímulo, sobre todo en los países en desarrollo, aunque podemos asumir que vamos a ver más gente en movimiento. Habrá más gente moviéndose por motivos económicos. Esto puede ser a nivel interno, dentro de sus propios países. Puede ser gente moviéndose a ciudades o al extranjero. Pero por ahora yo no diría que vamos a ver una nueva ola de migraciones como la que vimos con la crisis Siria”, vaticina Killelea.

¿Qué pasará con los países receptores de migrantes? Si los países con mayor paz positiva se convierten en el atractivo principal para personas en circunstancias desesperadas, ¿Existe el riesgo de que esos mismos sistemas se vean afectados por la llegada masiva de refugiados? En Suecia, alentado por la crisis migratoria de 2015, el partido de ultraderecha de los Demócratas Suecos ascendió estrepitosamente con un discurso abiertamente xenófobo… “Que países como Australia o Suecia reciban refugiados económicos dependerá de muchos factores. La gente buscará moverse a países con buenas condiciones de vida, a los países ricos. Pero todavía tendrán que encontrar la forma de llegar hasta ellos, y eso puede ser complicado”, señala este experto.

En cualquier caso, Killelea considera que la mayor amenaza para la estabilidad política no son las olas migratorias sino el panorama económico, debilitado por otros factores internos: “En la última década las protestas se han disparado un 282% y la mayor parte de ellas han ocurrido en Europa. Así que lo que estamos viendo es una tendencia, anterior a la COVID-19, hacia una cada vez una mayor percepción de corrupción, en particular la que se da entre corporaciones y gobiernos, y de descontento con las condiciones de trabajo. Lo que creo que pasará es que el golpe económico dará un impulso a las protestas y favorecerá un ajuste hacia sistemas más equitativos. Y los países que podrán manejar mejor la crisis económica serán aquellos que sean capaces de ajustarse a las críticas de sus ciudadanos en lugar de suprimirlas”.

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