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La acción local por el clima

El próximo 8 de mayo se presentará el informe de políticas locales de cambio climático de la colección de Estudios de Políticas Públicas Locales en Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid del Instituto de Derecho Local de la UAM, elaborado por las profesoras Carmen Navarro, Moneyba González y Sofía Simou, y por  David Alba de Transitando.

La presión para incluir el cambio climático en la agenda pública y política está siendo cada vez mayor. Multitud de actores sociales están ayudando a que se hable, se trate y se actúe por el clima, como enuncia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13 de la Agenda 2030. Por su impacto mediático, por ejemplo destaca la intervención de la joven activista sueca Greta Thunberg ante el Parlamento Europeo y la huelga de jóvenes convocada a nivel mundial el 15 de marzo de 2019 bajo el movimiento Fridays for Future, cuyas movilizaciones se vienen repitiendo en multitud de ciudades, también españolas. Sin duda y, a pesar de su escasa aparición en la campaña electoral, el cambio climático es un asunto candente, al que atender desde todos los frentes, aunque no nos guste esta forma de tratarlo como una lucha contra, pues preferimos hablar de acción por el clima.

La acción local por el clima cobra especial importancia, pues es en esos entornos locales donde más se están reconociendo los impactos del cambio climático: aumentos, en calidad y cantidad, de frecuencia de episodios de altas y bajas temperaturas o cambios en el patrón de lluvias son los más reconocibles. Como consecuencia, los actores locales, principalmente, las administraciones locales, están tomando cartas en este asunto y están realizando actuaciones tanto para la mitigación -reducción de emisiones de gases de efecto invernadero- como para la adaptación a los impactos: aumento de la eficiencia energética y de la producción energética renovable, minimización de residuos, promoción de modos de transporte no dependientes de combustibles fósiles o diseño urbanístico que potencie las soluciones basadas en la naturaleza para reducir la vulnerabilidad climática. Es en este punto en el que la consideración de la ciudad como un ecosistema urbano que promovemos desde Transitando cobra mayor relevancia, pues gracias a la provisión de servicios ecosistémicos propios, por ejemplo, por medio de infraestructuras verdes urbanas, reduciremos los impactos en y la dependencia de otros ecosistemas.

Hay, por lo tanto, margen para la acción local por el clima, como lo demuestran las acciones emprendidas por las ciudades y pueblos españoles, pertenecientes a la Red de Ciudades por el Clima o que hayan suscrito el Pacto de Alcaldes. En el caso de la Comunidad de Madrid, el próximo 8 de mayo se presentará el informe de políticas locales de cambio climático de la colección de Estudios de Políticas Públicas Locales en Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid del Instituto de Derecho Local de la UAM, elaborado por las profesoras Carmen Navarro, Moneyba González y Sofía Simou y por nuestro compañero David Alba de Transitando. El informe comienza con una introducción de corte teórica, encaminada a sentar las bases conceptuales del cambio climático y sus características e impactos, así como los mecanismos de las políticas que lo tratan. A continuación, se ofrecen los resultados de la exploración de la política de cambio climático de veintiún municipios madrileños mayores de 20.000 habitantes, sobre aspectos de la organización de la propia política: prioridades, responsables, planificación, recursos, evaluación y redes de actores; y de las iniciativas que contempla, agrupadas en cuatro grandes ámbitos de acción: energía, residuos, movilidad y planificación urbana. Para finalizar se trata el balance de la implementación de estas políticas locales de cambio climático.

Os invitamos, por tanto, a leer el informe o bien a asistir a la presentación -previa inscripción en este correo– , en la que además de los autores del informe se contará con la intervención de representantes institucionales y técnicos/as de los municipios estudiados, de cara a realizar una puesta en común de los resultados del informe.

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Las opciones que nos dejó la Feria Sosteniblemente

A lo largo del fin de semana del pasado 9-10 de febrero se celebró en La Casa Encendida de Madrid la segunda edición de esta feria, organizada por Transitando, dedicada a conocer productos e ideas sencillas para una vida más ecológica y sostenible. En ella participaron cerca de 40 entidades y fue visitada por más de 2.300 personas.

Es evidente que todo aquello que tiene que ver con la problemática medioambiental, sostenibilidad, ecología, calidad de vida en las ciudades, etc., cada vez tiene más presencia en los medios de comunicación y en la vida cotidiana de la gente, coincidiendo precisamente con una preocupación creciente por estos temas.

En este contexto, entendiendo el papel crucial que tenemos como ciudadanía y como consumidores para hacer de las ciudades espacios cada vez más habitables y sostenibles, nació en 2018 la primera edición de SOSTENIBLEMENTE. Su objetivo principal es hacer llegar estos temas de una forma atractiva y sugerente al público general y suscitar cada vez más interés en aquellas personas que, aunque puedan contar ya con algo de información y motivación inicial, no sean habituales en este tipo de foros o no hayan puesto en práctica muchos hábitos cotidianos con “mirada” socioambiental. Por eso, a través de una oferta variada de temas y formatos, la feria está planteada para que el visitante pueda adquirir, conocer y compartir productos, alternativas e ideas sencillas para una vida más ecológica y sostenible.

En 2019 hemos repetido el triple formato de cara al público que pusimos en práctica en 2018, de cara a motivar su interés por la feria. Por una parte, se ubicaron expositores en el patio central de La Casa Encendida en los que distintas entidades y profesionales vendieron sus productos y ofrecieron información sobre temas muy diversos; por otra, se habilitó un espacio en el mismo patio en el que se realizaron micro-charlas abiertas al público visitante (Speaker´s Corner); y, por último,  se programó una serie de talleres gratuitos para el público interesado que se realizaron en aulas de la propia Casa Encendida.

Gracias a las 27 entidades con expositores de información y venta, las 22 micro-charlas y los 16 talleres realizados, se han podido abordar temas tan diversos como: alimentación saludable y ecológica, movilidad, arquitectura sostenible, energía, huerta ecológica, biodiversidad, trabajo con madera libre de tala, moda textil sostenible, serigrafía textil ecológica, artesanía, comercio justo… Algunas de las entidades participantes lo han hecho repitiendo de nuevo este año, como Customizando, Delikatessen, Sintala Design, Giraluna-Cosmética Natural, Germinando, Rutas Pangea, Som Energía, Fiare… Y otras se han estrenado en esta última edición, aportando novedad y diversidad a la Feria: Modulab, Sirem, Greenforest Wear, El Buen Vivir, Obrador San Francisco, La Corriente, Socaire, Fashion Changemakers, El Buen Vivir… Puede consultarse el listado completo y la Web de todas las entidades en este enlace.

En coherencia con la filosofía y los objetivos de la feria, hemos querido tener en cuenta criterios que consideramos importantes en la fase de diseño y organización. Creemos, además, que son aspectos que ayudan a dar identidad o “personalidad” a la propia feria. Por ejemplo, a la hora de decidir y seleccionar no sólo los temas, sino también las entidades participantes, se ha tenido en cuenta: que los modos de producción y comercialización sean sostenibles y que puedan ser comunicados con claridad al visitante; proximidad geográfica de los productores (para limitar costes ambientales derivados del transporte); diversidad en la consolidación de proyectos (haciendo hueco a entidades o personas que llevan poco tiempo impulsando su idea); y, por supuesto, diversidad y visión integral de temáticas, pues entendemos que la puesta en práctica de modos de vida sostenibles debe ser planteada desde distintos ámbitos de reflexión y acción, tanto a nivel individual como de forma colectiva. Por otra parte, el material principal elegido para ciertos elementos esenciales de la feria (mesas expositoras, atriles, paneles) ha sido en las dos ediciones el cartón estructural, un material de bajo impacto energético en sus fabricación, transporte y gestión como residuo, además de ser fácilmente reutilizable.

Desde Transitando estamos muy satisfechos con los resultados de esta feria y las valoraciones recibidas. Si el año pasado rondamos las 1.600 visitas, en este 2019 hemos superado las 2.300. Las opiniones de los participantes, del público y de la propia Casa Encendida de nuevo nos han resultado muy útiles y nos animan a embarcarnos en una tercera edición. Ojalá sea así y podamos seguir poniendo otro granito de arena en este desafío colectivo de hacer ciudades (y ciudadanía) cada vez más sostenibles.

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RESILIENCIA

Estrategias de construcción de resiliencia urbana en el sur de Madrid

Amaia Rieiro Díaz, arquitecta, nos presenta en esta entrada parte de los resultados del proyecto de investigación «Estrategias de construcción de resiliencia urbana en el sur de Madrid. Intervenciones en el sistema de espacios libres urbanos de Usera y Villaverde desde el punto de vista de la resiliencia urbana».

El proyecto está  desarrollado para la Dirección General de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural del Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid.

El trabajo que aquí presentamos supone una aproximación al estudio de la resiliencia urbana en los distritos de Villaverde y Usera en la ciudad de Madrid, considerando la resiliencia específica1a su vulnerabilidad socioeconómica y a su vulnerabilidad frente al cambio climático, así como la resiliencia general frente a otros posibles cambios o perturbaciones aún desconocidos.  Se toman estos distritos como punto de partida tanto por sus altos índices de vulnerabilidad, como por su pertenencia a los barrios del sur de Madrid, donde se da la presencia histórica de redes de apoyo mutuo con una tradición en cohesión social, asociacionismo y participación ciudadana, presumibles fortalezas para el impulso de algunos factores clave para la resiliencia urbana.

Bajo el término coloquial espacio público nos solemos referir a diferentes realidades. En un plano físico, a cualquier espacio urbano de carácter abierto al peatón, con independencia de su uso o propiedad pública o privada. En un plano abstracto, a conceptos más amplios, como el de esfera pública, que se refiere, entre otras cosas, al espacio donde el ser humano se vuelve sujeto político, transformando el espacio donde se ejerce la autoridad en el espacio desde donde se ejerce la crítica al poder. En la realidad compleja de espacios libres urbanos de Usera y Villaverde están presentes las relaciones de conflictividad, así como las de resistencia y transformación, lejos de ideales de convivencia, multiculturalidad o accesibilidad universal2. Este tejido urbano ha sufrido un abandono institucional histórico y una fuerte segregación entre barrios separados por infraestructuras de transporte. En el mapeo realizado en el marco de este proyecto, en esta red de espacios híbridos se identifican nueve tipologías diferentes de intervenciones: de regeneración urbana, de renaturalización a gran y a pequeña escala, huertos urbanos, espacios relacionados con equipamientos públicos, de mantenimiento participativo, artístico-culturales, bottom-up y de producción y gestión local de la energía.

La mayoría de las intervenciones se han realizado después de 2011, como consecuencia del auge del uso colectivo y generalizado del espacio público en Madrid, resignificado tras las ocupaciones temporales producidas durante el movimiento 15M2.El objetivo principal ha sido determinar qué tipos de estrategias se emplean en estas intervenciones que contribuyan a favorecer la resiliencia urbana. Para ello se sigue el marco metodológico planteado por Suárez et al.3 para la estimación de la resiliencia en sistemas socio-ecológicos urbanos, que establece una serie de factores clave transversales a varias dimensiones (socio-ecológica, de estructura física, económica) y considera el tejido urbano como un sistema adaptativo complejo. Se incluyen como factores clave la autosuficiencia en los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento, de regulación y culturales, además de  otra serie de factores recurrentes en la literatura sobre resiliencia urbana,  como son la diversidad, la retroalimentación próxima, el aprendizaje e innovación y la cohesión social.

Se han encontrado intervenciones con un enfoque holístico, que desde el origen del proceso fomentan múltiples factores, como  la llevada a cabo por el grupo motor Pradolongo se mueve por el cambio social y la regeneración física integral del Parque de Pradolongo en Usera. Otras, como la micro-intervención Boom Box, promovida por la ONG Creatica, se focalizan en uno o dos aspectos. En este caso, este servicio colaborativo de música para espacios públicos contribuye a fomentar especialmente la innovación, aprendizaje y los servicios culturales.

La cohesión social se ve aumentada por muchas de las intervenciones analizadas,  destacando la presencia de redes de apoyo mutuo en más del 60 % (ya sean  redes preexistentes o creadas). También más del 60 % presenta la implementación de actividades culturales,  encontrándose estrategias como la gestión cultural participativa, desde la que se desarrollan procesos pedagógicos para la autonomía comunitaria que permiten proveer de manera prolongada los servicios ecosistémicos culturales. Más de un 70% presenta actividades educativas de manera regular o esporádica, de tal manera que el aprendizaje se ve favorecido por estrategias que se encuentran en dos líneas principales, la formación directa, reglada o informal, y el aprendizaje espontáneo desde el espacio público.

Los servicios ecosistémicos de regulación también se ven favorecidos, tanto por su mejora directa mediante la renaturalización o la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza, como en intervenciones de otra índole pero poco invasivas que los fomentan de manera transversal, por ejemplo, al no aumentar la superficie de suelo pavimentado no permeable. Frente a la degradación de solares, parterres y otras superficies, resultan relevantes  las posibilidades que ofrecen soluciones de jardinería vecinal como las plantaciones populares que se han realizado históricamente, en conjunción con la reciente descentralización de las competencias sobre zonas verdes municipales a las juntas de distrito y la aplicación de estrategias de mantenimiento urbano participativo, presente de manera ejemplar en los Equipos de Actuación Distrital.

Estas mismas estrategias, junto con otras relacionadas con el urbanismo bioclimático, como la conectividad de espacios, contribuyen también al fomento de la biodiversidad, mientras que la diversidad humana se ve favorecida principalmente por intervenciones con estrategias de participación ciudadana, que convocan de forma efectiva a agentes y grupos diferentes. Estas estrategias mejoran también la retroalimentación próxima con las instituciones, si bien este factor continúa suponiendo una reivindicación reiterada por parte de la vecindad en estos distritos, que demanda la creación de nuevos canales y/o figuras legales para acortar los impedimentos para realizar actividades en el espacio público.

El factor menos favorecido son los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento, con una presencia testimonial de los huertos urbanos y la presencia de campañas por la correcta gestión de residuos. La Red de Huertos Urbanos Comunitarios destaca por su autonomía en funcionamiento y por su posible proyección a futuro como unidad de aprovisionamiento efectiva, en relación a la próxima construcción en el ámbito de la Escuela de Agroecología Urbana municipal  y un Centro Comunitario Medioambiental, así como a la emergencia de los supermercados cooperativos. Otro recorrido futurible hacia la resiliencia urbana sería la combinación de estrategias de apoyo mutuo para el aprovisionamiento de energía asequible presentes en el área, como la Mancomunidad de la Central Térmica de Orcasitas (aunque no se basa en energías renovables) con las emergentes cooperativas para la transición energética desde la economía social y solidaria.

Los resultados llevan a concluir que las  intervenciones en el espacio público juegan un rol en el fomento de múltiples factores clave para la resiliencia urbana en Usera y Villaverde, que podría fortalecerse de consolidarse en el tiempo su implementación, seguimiento y monitorización, estando el mayor reto en los servicios ecosistémicos de aprovisionamiento. Un proceso completo de análisis o asesoría sobre resiliencia urbana,  con la participación de múltiples agentes en diferentes fases, constituiría una correcta continuación a este estudio, con una estimación mediante el desarrollo de kits de herramientas4 completos, que contengan índices, modelos y rúbricas.

Si queréis acceder al estudio completo pronto se publicará en madridpaisajeurbano.es.

[1] García García, M. (2016). Desmontando la paradoja de la sostenibilidad. Revista Ambienta.
2 Martínez López, M.A., García Bernardos, Á. (2012) El espacio público y las luchas por la vivienda en el movimiento 15M. Universidad Complutense de Madrid
3 Suárez, M., Gómez‐Baggethun, E., Benayas, J. y Tilbury, D. (2016) Towards an Urban Resilience Index: A Case Study in 50 Spanish Cities. Sustainability. 8: 774.
4 Ayyoob, S., & National Institute for Environmental Studies, J. (2016). A critical review of selected tools for assessing community resilience. Science Direct. Elsevier. Ecological Indicators.

(Foto: Decide.Madrid)

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Otro aburrido artículo sobre consumo consciente

¿Quién es la persona valiente que tiene 5 minutos para leer algo por el mero placer de informarse? La respuesta es fácil, casi nadie. El tiempo, entendido como ese bien que se escurre en el reloj de nuestras muñecas ha sido identificado como el factor más limitante para practicar un consumo más consciente, según un reciente estudio realizado desde la plataforma ConSuma Consciencia (www.consumaconsciencia.org).

Texto: Leire Iriarte

 

 

 

 

 

¿Quién es la persona valiente que tiene 5 minutos para leer algo por el mero placer de informarse? La respuesta es fácil, casi nadie. El tiempo, entendido como ese bien que se escurre en el reloj de nuestras muñecas ha sido identificado como el factor más limitante para practicar un consumo más consciente, según un reciente estudio realizado desde la plataforma ConSuma Consciencia (www.consumaconsciencia.org).

No son ni el dinero ni la falta de información las causas que separan nuestra sensibilidad para con los desafíos ambientales y sociales de nuestra satisfacción con nuestra contribución para paliarlos, sino que es el tiempo (estos resultados son parte del estudio “Satisfacción con nuestra contribución al Bien Común”, disponibles en: http://consumaconsciencia.org/node/2594).

Sostenibilidad versus publicidad

Hay tomos y tomos escritos sobre la necesidad de reconducir nuestro modelo de consumo. Incluso uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se dedica expresamente a este desafío; en concreto el número 12, bajo el título “Producción y consumo sostenibles”. No obstante, mientras que se pide a la ciudadanía que contribuya a un modelo de consumo más sostenible, se nos sigue bombardeando para que consumamos. A nivel internacional gastamos mucho más dinero en publicidad (más de 500 billones de dólares americanos en 2015) que en Ayuda Oficial al Desarrollo: 143 billones de dólares americanos en 2016 por parte de los países miembros del Comité de Asistencia de Desarrollo de la OCDE (ver el ensayo “Transitando la Matrix: Construyendo el cambio que queremos ver en el mundo” para todas las referencias y una discusión más profunda (www.transitandonos.org).

Con estos datos por delante, es fácil intuir que algo no cuadra: por un lado se nos pide que reduzcamos nuestro consumo y tengamos en cuenta las externalidades (ambientales y sociales bien sabidas) de nuestro modelo y, por el otro, se nos bombardea con publicidad infinita para que adquiramos más productos que no necesitamos para cubrir deseos que no nos van a hacer más felices.

¿Todo es sostenible?

Siguiendo con las paradojas, una palabra que está casi tan de moda como los shows sensacionalistas en el prime time de la tele es la palabra sostenibilidad. Tanto es así que ya tenemos “balas sostenibles”, iguales de eficaces para matar pero que no ensucian el medio ambiente o “explotaciones petrolíferas ambientalmente sostenibles” que deben generar un petróleo que solo emite CO2 “verde”.

Toda esta confusión probablemente se deba a querer legitimar un modelo de consumismo verde que de ninguna manera ponga en entredicho los pilares crecentistas fundamentales del modelo económico actual. ¿Alguien conoce algún ecosistema que solo crezca? La naturaleza no funciona así.

Un concepto del que se habla menos es que el consumo no es solo una herramienta para satisfacer nuestras necesidades, sino una herramienta que nos identifica como personas. Las personas somos sistemas coherentes de proyecciones a distintos niveles: las palabras, los actos, las actitudes y el consumo, entre otros. Nuestra forma de hablar, por ejemplo, manifiesta nuestra forma de pensar. Al igual ocurre con el consumo. Al consumir nos estamos relacionando con el mundo que nos rodea y con ello nos estamos comunicando, expresando quiénes somos, aunque no seamos conscientes de ello. Por eso, es tan importante prestar un poco más de atención a cómo hacemos las cosas ya no solo por todo lo que podemos ganar en nuestra salud y bienestar (que sí), en reducir las externalidades negativas que genera el modelo devorador actual (que también), sino también en conocernos a nosotros mismos como personas. Podemos supeditar nuestras elecciones al precio más bajo, al servicio más cómodo o a la mayor calidad sin preocuparnos de nada más o bien podemos interesarnos por saber qué hay detrás de aquello que estamos adquiriendo para saber si nos identificamos con ello o no.

Existen muchas organizaciones que están trabajando en fomentar que podamos transitar a un consumo más razonable y razonado: desde entidades operando bajo las lógicas de las “Nuevas economías” hasta plataformas online que ofrecen información relevante para facilitar a las personas la toma decisiones.

Destapando verdades

Hoy, por su singularidad, queremos destacar la plataforma ConSuma Consciencia,  (www.consumaconsciencia.org), una herramienta online que desnuda a las empresas y ofrece una radiografía de su esencia, más allá de las bondades que cada empresa quiera comunicar sobre sí misma. Esta plataforma presenta información clara, rigurosa, transparente y comparable sobre el desempeño de entidades. Está disponible el proyecto piloto, para el que se han seleccionado 18 empresas (o grupos empresariales) que comercializan electricidad para usos domésticos en España, desde cooperativas locales hasta empresas transnacionales.

La plataforma ha elaborado un ranking de la contribución de las empresas al Bien Común. Las primeras posiciones las ocupan cooperativas de renovables que no tienen ánimo de lucro. Para realizar este análisis se han estudiado 60 parámetros para cada empresa, bajo el prisma de la responsabilidad compartida pero diferenciada. A través de esta herramienta se puede conocer el origen de las entidades, su volumen, accionistas, etc. así como aspectos relacionados con la gestión económica, como la transparencia fiscal y la distribución de beneficios o la gobernanza interna, transparencia y aspectos de género. Además, se han seleccionado una serie de indicadores específicos que visibilizan los aspectos relacionados con la comercialización de energía, como pueden ser la cantidad de energía de origen renovable que comercializa cada entidad o los residuos radiactivos emitidos.

De esta manera, las personas usuarias de la plataforma pueden conocer qué hay verdaderamente detrás de las empresas y elegir aquella más alineada con sus intereses y valores, independientemente de cuáles sean éstos. El objetivo de la plataforma es trasferir el poder de la información a la ciudadanía ofreciendo estos datos que tantas y tantas veces quedan escondidos.

La capacidad transformadora a nivel social a través de nuestro consumo es limitada y se enfrenta a muchas barreras, especialmente a la falta de cuestionamientos profundos y genuinos que intenten dirigirse a las causas de nuestros verdaderos, así llamados, problemas, que no son otros que nuestra inmadurez consciencial. Practicar un consumo con criterio es un acto que nos lleva, en muchos de los casos, menos tiempo que pensar que no hacemos nada, además de emitir una “señal” a los mercados de que, tal vez, lo que hasta ahora nos había resultado válido ahora ya no tiene sentido.  (texto: Leire Iriarte. Foto: Rawpixel).

 

 

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